domingo, 12 de diciembre de 2010

Princesitas a Mí


Me gusta que haya princesitas en los cuentos. Sobre todo si se las comen o las dejan encerradas en una torre.

Pero en la vida real no puedo evitar ser republicanota del todo, que por algo una está orgullosa de sus raíces francesas. Ya saben, revoluciones, guillotinas, dolores de cabeza...

A ver si nos entendemos, si algunas casas reales hasta me caen bien cuando las veo jugando con sus perros o saliendo a correr con ellos por el parque. Pero eso de que la Princesa Huesitos, creo que por aquí la conocen como Letizia, haya enviado al exilio jardinero al perro que vivía en su casa me parece fatal de la muerte. Si a la chica no le gusta convivir con un ser inteligente y civilizado, siempre puede ser ella la que se pille saco de dormir y tienda de campaña y se pase las noches aullando a la luna. Y me parece fatal también que el otro, con todo lo largo y pavisoso que es, se lo haya consentido. ¿Cómo va un pueblo a confiar en alguien que se olvida de los amigos de verdad en cuanto conoce a una marimandona escuchimizada?

Yo coincidí con ella cuando me invitaron a la entrega de los premios Guau de Oro, a las mejores interpretaciones caninas de la tele y el cine. Y me dio muy mal rollo, porque iba siempre con la nariz levantada y cara de estreñimiento precoz. Yo creo que le caí fatal, y me alegro. Porque en una misma habitación sólo caben dos reinas. Y la que había allí era yo.

Ha sido enterarme de que ha echado al pobre perro de la casa y dispararse la Olympe de Gouges que llevo dentro. En este país lo que hace falta es una buena guillotina. Zass.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Cagando con Culo Ajeno


Me cuentan que hay por ahí, ¡ay! (pero qué dominio de la ortografía que tengo, madre del chihuahua hermoso) un chuchejo pulgoso con caseta en Palencia que a falta de voz propia se dedica a copiar lo que escribe mi Gafapasta del alma. Cagar con culo ajeno, lo llamamos en el perroworld cuando nos ponemos un punto rabaneros. Pero es que para nosotros lo de dejar plastones de necesidad tiene un punto comunicativo interesante, porque vamos dejando olorcillos informativos que son, desde luego, mucho menos asquerosos que determinados canales con tertulianos varios.

Por lo visto se llama Andrés Ladrador y tras exhaustivas investigaciones conseguí encontrarme una foto suya por San Google.

Lo que no acabo de entender es que el copión de pacotilla sea perraco y no humano. Porque a nosotros nos mola mazo lo de ir repartiendo nuestra propia personalidad olor en ristre, que no vean vuesas mercedes con qué donaire levanto yo el espectacular plumero de marabú que tengo por rabo para que el potorro y el culete se aireen y despidan efluvios de gran dama parisién.

Pero claro, el que no tiene ni qué oler ni qué ladrar, tiene que limitarse a no dar la cara, repartir lecciones de ética barata volumen tres y a copiar de los que piensan, saben y huelen con tufillo propio.

Qué pena, por Dior, qué pena, tener marido y no tener cena.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

De Librerías


No sé por qué el Tipo Gafapasta se extraña tanto al enterarse de que no soy la única perra lectora del planeta. Seguro que este se piensa que los perros somos tan animales como los humanos y no dedicamos tiempo al cultivo de nuestro privilegiado intelecto y al desarrollo de un ocio tan creativo como el que más.

El caso es que se me vino ayer a casa como ojiplático porque en la Librería Gil se había encontrado con Mateo y Martín, dos peludos encantadores (sobre todo Mateo, que es de mi quinta y casi como un gemelillo) que habían sacado de paseo a su rubia, la Moni, y le habían regalado un libro con fotos de Marilyn Morros. Mateo parecía estar especialmente interesado en la narrativa policíaca y preguntó si no tendrían algo de Rin Tin Tin, pero a Martín le llamaron más la atención los estantes de poesía y se echó un pis fenomenal encima de las Hojas de la Galerna de Blas Soltero, inequívoca señal de que le encantaba el libro y lo consideraba suyo y más que suyo.

O a lo mejor lo que le había llamado la atención a mi chico es lo de encontrarse con perros en una librería porque como vivimos en un país más bien poco civilizado que ni lee ni tiene leyes en condiciones para proteger a los animales del maltrato, pues los bordes de los humanoides se creen con derecho a no dejarnos entrar en ningún sitio. Como si fuéramos nosotros los gritones, faltones y marranorros.

Lo que llevo peor es lo de no poder salir con las amigas a tomar un té con pastas en condiciones. Cuando eres joven, pues te vas de botellón a la playa o de botellón pijo a Cañadío y te pules unas birras. Con otra cosa no merece la pena, que ya decía el Chico Guapo que no había manera de tomarse un Vodka Sunrise en condiciones por estos pagos. Pero a mis años, una no está para resacones, pero a pesar de lo requetefinísima que soy no me dejan entrar en las cafeterías los racistas de la porra estos.

De todas maneras, tampoco hay una patisserie en condiciones y digna de mi rango.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Las Infidelidades del Tipo Gafapasta


Como la Constitución esa que se celebra hoy no garantiza un trato mínimamente decente y digno para los animales y unas buenas sanciones para esa gentuza que maltrata a sus pobres mascotas, pues decidí que no me daba la gana de hacer hoy fiesta y continué con la misión de control gatuno en el pasillo.

El Gafapasta se fue a eso de media mañana y no volvió hasta las nueve de la noche, con la culpabilidad dibujada en la cara. No hacía falta ni olerle ni nada para tener claro que había vuelto a hacerlo: ¡Había pasado el día con otros perros! Una todo el día trabajando como una esclava por el bien del servicio público y él tan ricamente pasando la mano por otros lomos.

Él tiene una jeta despampanante. Se pone a contar con voz de Inocencio III que si ha estado comiendo con Pilu y con Isa, y que si habían llevado a sus perros y había estado con Dola, con Casper y con Rufi, y que si blablablá. Como si así pudiera arreglar los platos rotos. Lo dicho, que se había pasado el día resobando a otros perros, y luego claro, querrá que le acune y le cante nanas para dormir mejor.

Indignada que estoy. Que esto a mí no se me hace. Sí, sí, si yo toda digna he fingido que no me daba cuenta, pero ya le he pillado los olores ajenos en el pantalón y la manaza. Y no se me van a olvidar, que se van a enterar los chuchos esos como me los encuentre.

Y que conste que al Gafapasta se la guardo. Como me llamo Glenda, que se la guardo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Fuera de Control


Una tiene ese glamour de lo francés que sólo te da el tener etiqueta gabacha en el nombre. Que supere el que pueda ese Berger de Brie que llevo con tanto donaire.

Pero la cruda realidad es que nací en Oreña y que soy cántabra por parte de prado natal. Así que al Rubalcaba le tengo como cariño. Viste fatal y en eso nada que ver conmigo, y yo soy más de letras que de hacer cochinadas con los compuestos en el laboratorio, pero quisicosas como esas aparte, es como yo cántabro, socialdemócrata y listuco. Vamos, que me cae bien.

Y por eso, cuando ayer nos puso a todos firmes con lo de que había que solucionar lo de los espacios aéreos descontrolados, di golpe de taconazo con mis mejores Manolos, ladré un marcial "a sus órdenes" y me puse a regular el tráfico de gatos por los alrededores.

¿Que venía atacada por el pasillo la Tiberio perseguida por la Miércoles? Gruñido en sol mayor, colmillo en posición de brigada ligera y cabezazo-mandoble que ponía a la Tiberio volando para la cocina y a la Miércoles en dirección al dormitorio. ¿Qué era la Tiberio la que se cebaba con intención de chocarse con la Miércoles? Pues zarpazo decidido y reparto de direcciones: la una para el baño, la otra para el cuarto de plancha. Y no me costó mucho que hasta el Gafapasta me pidiera debida autorización antes de aterrizar en el sofá para ver la tele.

Visto el éxito de la torre de pasillo, me instalé en la entrada del Parque de Jado y me dediqué a organizar aquel caos. A la gata manchada y estropajosa la envié a la calle Santa Teresa con escala en las obras del ayuntamiento para que se pusiera perdidita de barro. Al gato arisco y negro le puse rumbo a la pista de petanca. Y a una niña súper impertinente que se puso a tirarme de las orejas y que yo creo que era una quintacolumnista de la USCA la aterricé directamente y por procedimiento de urgencia encima de un charco para que se le empaparan las bragas.

Ya le dije al Tipo Gafapasta que yo tenía unos índices de productividad muy superiores a los de los controladores españoles y que antes de Navidad nos íbamos a sentar en la mesa camilla que tiene puesta en el saloncito de las negociaciones él y yo y tendríamos que revisar algunas cláusulas.

O hay capón firmado o cuando haya mogollón por el pasillo digo que me duele el corvejón y me voy a la cama dejándole con todo el caos organizado. Sin servicios mininos de esos ni nada.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Doña Metomentodo


Me cuenta el Tipo Gafapasta que por el Feisbuk se llevan unos grupos que empiezan por "Señoras que ...". Y a mí se me ha ocurrido que se podría formar un "Señoras que meten las narices donde no las llaman".

Esta mañana me encontré con un ejemplar clásico, que se nos acerca en el parque, me hace un par de mimos cogoteros (no me daba buen rollo la tipa, así que no me dejé rascar demasiado) y suelta un tópico "¡Qué mona, qué pena que seguro que la tienes en un piso!".

Ya de entrada, que me llamen "mona" me revienta casi tanto como que me suelten "perrita". Yo tengo ya una edad, un volumen y sobre todo una masa que me alejan del concepto "perrita". Pero yo a esa señora no la llamé orangutana, ni víbora, ni rata, y no sé por qué tengo que aguantarme sin pegarle un ñisco en el talón que ella me llame chimpancesa o mandrila.

Y bueno, ¿qué manía es esa de que a los perros nos gusta el campo? A mí lo que me gusta es pasar el invierno bien arrimadita al radiador para evitar esos reúmas que con esta humedad y estos fríos y estos años me están amenazando por doquier. Me gusta estar pegadita al Gafapasta, mientras escucha música y hasta fijarme un poco cuando pone en la tele alguna de Lassie. Me gusta la comidita a punto, sobre todo si es pechuga de capón (¿lo pillará el Gafapasta, lo pillará?) y me fascinan los edredones de pluma de ganso silvestre de los fiordos.

No voy a negar que un jardincito recoleto, con un par de fuentes, unas matas de hierba aromática y un poco de arena en una esquina para las urgencias estaría requetebién. Pero al Gafapasta también le encantaría el jardincito. Y los dos ponemos como condición que en cuanto se nuble podamos entrar a una casita encantadora, recogidita y con chimenea.

Que sí, señora, que sí, que el prado está muy bien para que coman las vacas, y con estos fríos y estas nieves por muy fortachona que sea una se tumba en los barrizales y queda echa una pena penita pena. No, si lo mismo es que a usted el confort le parece poco natural. Pues nada, señora, que le abran Altamira y le hagan hueco debajo de una bisonta. Que mucho blablablá pero luego no predica con el ejemplo, so hipocritona.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Terror en el Hipermercado


El Tipo Gafapasta tiene bastante buena pata para la cocina, pero como sigue el mi pobre un poco chuchurrío lleva un mes a fiambres, frutas y precocinados.

Espero que sea una buena señal gastronómica y que me caigan en el cuenco unas albóndigas con salsita o un muslito de pollo deshuesado con unas zanahorias y unas patatitas. Que ya sé yo que las bolas en forma de caca de gato son más saludables pero un poco de vicio y descontrol viene bien de vez en cuando. El caso es que hoy me ha llevado a un sitio que se llama hipermezclado. Y me pareció el nombre muy requetebién puesto, porque había montañas de todo y lo mismo te tropezabas con una lata de pepinillos que con un filete de pez espada congelado. Qué aburrimiento de comidas, menos mal que al Gafapasta no se le ha ocurrido hacer experimentos como pepinillo relleno con mousse de pez espada, que como capaz este intelectualoide es muy capaz.

Lo mejor era que me llevaba en carrito para que no fuera enredándome con las patas de las otras compradoras, me tiene el chico por un poco torpe, y se me puso cara de velocidad. Cuando el Gafapasta paraba para hacer comparativas de precios en las aguas minerales, yo daba cabezazo con fundamento a la delantera del carrito y en un decir amenguau estaba ya abalanzándome sobre las torres de latas de piña en almíbar. Megadíver.

El Gafapasta ponía cara de rancio y me decía que si para eso me había pagado la educación en las Damas Negras, como Ana María Matute (qué guapa en las fotos del Cervantes), pero es todo pose, porque yo fui a colegio progre y laico. Que lo mismo cuando el Roucoviruela dice lo del laicismo agresivo es porque se acuerda de cuando le mordí el corvejón delante de La Almudena. Pero no me gustó nada el sabor, qué quieren que les diga.

Lo peor del día es que cuando el Gafapasta arrancaba ya en dirección a las cajas, después de recolocar con cara de disimulo las latas de piña, pasó por una larga avenida en la que me dio un fuerte ataque de ansiedad: ¡Estaba llena de caponesssssssss!

Y había otro montón de cosas con pinta de ser ñam ñam ricas ñam ñam. Pulardas, pavitas, perdices, faisanes, pintadas, patos ... Vamos, que había más plumas que en una convención internacional de dragqueens. Y yo que pierdo la dignidad y empiezo a aullar, a babear, a revolverme en el carrito, a volcar el carrito, a enredarme entre las patas del Gafapasta y a tratar de hincarle el diente a algo.

El cabrón de mi santo tiraba de la correa mientras volvía a poner todo en su sitio. Y eso que al final me dio tiempo a trabar una codorniz con el colmillo. Mierda de suerte, con la cantidad de bichos grandes y el colmillo se me queda a la altura de la prima raquítica.

El Gafapasta me ha dicho todo enfadado que soy más bruta que una tertuliana de Intereconomía, y que me vaya preparando, que este año el capón ni olerlo.

Me veo dos semanas haciéndole ojitos de bambi degollado. Pero por mi flequillo de diseño que este año ceno capón. Que le tengo cogida la sobaquera.