sábado, 11 de febrero de 2012

Bulerías de La Macarrona


La relación entre el Gafapasta y Moi atraviesa uno de esos momentos delicados que acaban por aparecer en toda relación. Y no es culpa mía eh, no que no, sino del Gafapasta que no las piensa y, cómo no, de la Maldita Poligonera Borracha.

Que ahora me sale el Gafapasta con que si soy mala malísima, y que parece mentira que a mis años me ponga a desobedecer y me ponga a perseguir gatos y haga como que no le oigo cuando me llama y robe huesos de jamón (pata negra, por supuesto) de los alrededores del contenedor. Y sobre todo, que me he vuelto una macarra de tomo y lomo dice, y que me estoy volviendo una raquerona ordinaria como la María Jiménez en sus mejores momentos y que me va a llamar La Macarrona, como si fuera yo una cantante de fandangos y bulerías venida a menos. Y que de puro mala le recuerdo a María Patiño y a Soraya Saez de Santamaría. Y y y y y y todas esas cosas me dice, ay, todas esas cosas. Con lo sentida que soy.

Y todo porque una, harta ya de la nena corre por aquí, la nena corre por allá, la nena me marea, la nena me aturde, he decidido que ya tiene una edad como para dejarse de tonterías. Y que de niña y de adolescente petarda la hemos tenido requeteconsentida. Y que ahora de jovenzuela absurda sanseacabó. O ponemos orden o esto se desmadra. Y como no veo yo al Gafapasa poniendo orden ni en su casa, ni en su vida, ni en la descomposición mental de Gin, pues he decidido que si yo soy toda una señora de hacienda rural, experta en rebaños de todo tipo, pues que a la Gin ya la pastoreo yo quiera o no quiera.

La cosa viene a ser así: El Gafapasa deja suelta a la poligonera loca para que se desbrave por el parque. La poligonera acelera de 0 a 100 en media décima. Yo me pongo en medio, abro la boca, corto el acelerón justo a tiempo y la empotro contra la verja y de ahí que no se me mueva. La muy picajosa va a buscar al Gafapasta, y mete entre sus piernas toda llorosa, toda quejumbrosa, toda temblorosa. Que con eso de que viene la Semana Santa pronto esta se ha creído Nuestra Señora de las Angustias Caninas. Y el Gafapasta me riñe y me atolondra y me dice que la Nena me va a acabar cogiendo miedo. La sobaquera sí que se la tiene esta parrandera asquerosa cogida, pero a él, por mucho que diga. Así que yo a lo mío, a sacar diente y hacer prácticas de empotre de setter contra los hierros forjados.

Eso sí. Que si hay que ser mala se es mala. Pero mala con clase. Que a mí lo de que me lame macarrona y Maríajiménez me ha dolido. Pero lo de Soraya Saez de Morrosmaría no se lo perdono y no y no y no. Porque ya digo yo, que se puede ser mala con título, sedas y pelucones, y un Chateau monísimo junto a las aguas del Loire, por ejemplo. Como la Marquesa de Merteuil, que bordó mi adorada Glenn Close en Las Amistades Peligrosas. O como algo más moderno y fino, una Cruella de Vil que mata gatas estúpidas para hacerse abrigos divinos. Lo malo es que si te vistes con los pellejos de la Tiberio pareces una viuda vampira, fea es la pobre. Y el carey de la otra es mono y queda divino con una pañoleta de Moschino de fondos rojos y verdes. Pero claro, con la Anabotella sola no me llega para una braga, así que tendría que despellejar a unas siete docenas de Anabotellas. Pero me parece a mí que entre la gata mala y la alcaldesa peor tenemos más que de sobra. Así que nada.

Lo mejor, ser mala malísima como mi amiga amiguísima Anna Wintour, que siempre me pide consejos inteligentes para sus comentarios en Vogue y a la que tan bien representó la Streep en El Diablo viste de Prada. Mala como pocas, pero a veces nos prestamos trapos, porque somos igual de monas y de estilosas. Yo tengo más tetas, diez para ser exacta. Pero con una blusa holgadita y con lazo apenas se nota la diferencia. Si es de buena calidad y mejor caída claro.

Mala sí, pero con clase. ¿Macarrona yo, Macarrona? Gafapasta guapo, ven que te muerdo, ven.

domingo, 5 de febrero de 2012

Lenguas de gato, cacas de gato, poligoneras cerdas...


Con la clase que una tiene y mantiene, no os llamará la atención que me apasionen hasta la indecencia las partidas de bridge y las largas tertulias para hablar de política, moda y perversiones chic junto a un té de frutas aromáticas, unas pastitas ricas de chuparse las patas, y alguna golosina a la moda. Unas lenguas de gato, por ejemplo.

A mí cuando me habló el Gafapasta de las lenguas de gato me dio un poco como de asco. Que ya me estaba yo imaginando al señorito sacando la navaja cachicuerna, apretando el gaznate de la Anabotella y la Tiberio hasta que sacaran sus lenguas absurdas y rasposas, pegar un cortecito limpio y rápido y cuando estuvieran secos los restos de sangre micifuz (reutilizables para morcillas, supongo) pegar a las cositas un baño de cognac y chocolate fundido de esa chocolatería de la Rue Jakob de París que tanto tantísimo me encandila.

Luego resulta que no. Que es otra de esas gracias que tienen los humanos para que no haya quien entienda las bobochorradas que dicen. Y al final son simples pastas de bizcocheta o de chocolate, al gusto, que tienen una forma rara que recuerda a cualquier cosa menos a una lengua de gato.

Bien mirado, cortar la lengua a la Tiberio, la tonta del bote, no estaría mal. Porque le ha tocado otra vez temporada de calenturas de potorrito y así no hay quien pegue ojo, con la marrana esta llamando desesperada a todos los gatos macarras del vecindario y restregándose contra todo lo que se deja. En casa todo y todos menos yo, que soy la única decente, digna y severa, como buena jacobina.

La Gin, por su parte, sigue tan marranorra y asquerosoide como siempre. Para sus meriendas, y mira que yo he hecho lo que he podido por comprarle baberos de encaje y puntilla, muñequitas Barbie vestidas de Lacroix y juegos de té de porcelana de Meissen con cucharitas de plata y su nombre grabado para ver si consigo hacer una perruna decente de la poligonera basta y plasta que se empeña en ser. Pero ni modo.

El otro día le preparo a la nena una mesa divina para merendar y cuando quiero darme cuenta, y antes de tener tiempo de poner en el platito un pedazo de tarta de moka y nueces, va la muy cerda a las bandejas retreteras de las gatas y hace una selección de cacas secas. Y cuando yo llego dice la muy simple "Mira, Glenda, ¡bombones de gato!". Y ante mi horror los relame, los rechupa y se los mordisquea.

Una pesadilla, como ya os podéis imaginar.

Lo único bueno que tiene, es que disfruto viendo cómo sufre el Gafapasta. Y lo bien que le estápor haber metido a semejante loca en mi casa sin consultarme siquiera. Porque después de cada atracón de bombones de gato, menea la nena la cola y va donde el señorito muy ufana a lamerle la cara y la boquita. Supongo que en agradecimiento por las golosinas. Juá.

lunes, 9 de enero de 2012

En ocasiones veo ... setters.


Tenía yo ganas el domingo de ir a La Vijanera, que me han dicho que es una fiesta preciosísima y que me hubiera venido muy bien para completar mi tesis doctoral en Antropología del disfraz y Alta Costura. Pero el Gafapasta se puso tonto y dijo que de eso nada, que en esa fiesta había mucho ruido y campanu para arriba campanu para abajo me iba a volver yo una atolondrada y me iba a poner a ladrar como una posesa. Y que me iban a confundir con La Osa y me iban a dar con el ritual en todo el cogote.

Así que así en plan marimandón nos llevó a la Gin y a mí a la playa de Liencres, porque por lo visto había un baile o una recepción o una vernissage o algo fino y mono muy como para mí. Pero resulta que no, que llegamos a la playa, divina, eso sí, y resulta que había quedado con un montón de setters que habían llevado a sus humanos.

No, si como si lo viera, ahora aparecera esa chica tan maja con esa risa tan ordinariota y ruidosa que es vecina del Gafapasta, y dirá que Gin es monísima y los setter son divinos y que lo que pasa es que yo soy envidiosa y maniática. Pufffffff. Y resulta que no es verdad, que ni soy envidiosa, ni soy maniática, ni los setters son divinos.

A ver si nos entendemos, que son muy deportistas y muy correveidiles y muy simpáticos. Como los macarras esos de los parques que le vuelven loco al Gafapasta, que tiene el gusto perdidito y le gustan los chandalanes, aunque lleven chándal-chándal y no aquella locura de los Dolce & Gabanna que en el invierno de 2010 decidieron vestir a los chulazos de chaperos con una ropa increiblemente cani, increiblemente macarra e increiblemente cara. Y los setters son un poco así, que se creen que están guapísimos con sus mantos manchados y no se dan cuenta de que esos pelajes no se llevan para NA-DA. Y que lo resultón hoy son tonos pastel en liso para combinarlos con foulards elegantes con estampados de fantasía. Vamos, mi color Arena-de-playa-tropical-en-un-poniente-de-primavera, sin ir más lejos. Vaaale, los irlandeses tienen un color mono, pero están más locos que la media. Y los gordon, vaaale, también tienen manto liso, pero es que son muy brutos, que desde que vieron Braveheart se pasan la vida levantándose las faldas y enseñándote el culamen. Que no, que no puedo con los setters.

Así que yo al principio muy diplomática, que una sabe estar eh, sabe estar. Y pasaba de setter en setter diciendo muy fina "¿Como está usted?" "¿Ha tenido un buen viaje?" "Parecía que iba a llover pero quedó una mañana linda" y "¿Le gustan las pastas?" y otras tonterías igual de interesantes y de profundas.

Para colmo, la Gin entró en uno de sus famosos ataques de autismo de roquedal y en vez de ponerse a galopar con el resto de la manada se fue sola a las rocas a buscar bacalaos y percebes, que cuando yo digo que es tonta, es que es tonta. Y un bochorno, porque eso es de súper mala educación y van a decir que no doy yo buen ejemplo. Menos mal que al final yo muy "Pero tonta, si están todos locos como tú, que te vas a divertir" conseguí que se le pasara el ataque de tontería y se pusiera a jugar con la pandilla. Y lo bien que se lo pasaron todos corriendo para un lado, corriendo para otro, que si una pelota por aquí, que si un palo por allá, que si hago un hoyo en la arena, que si yo lo hago más hondo, que si salto una ola, que si salto dos. Un follón. Mientras los humanos miraban con toda la baba colgando como simplones de romería.

A mí la que me pareció más simpática fue Tuba, que no era setter, vaya casualidad, y que me ayudó a controlar a la nena. ¿Que la Gin se acercaba con sus andares de polígono de tercera? Allá que iba la Tuba a empujarla y hacerla ir corriendo hasta la quinta duna y vuelta. Trabajo que me ahorró, qué encanto.

Al final hasta corrí yo un poquito, digamos que como si hubiera dejado cubiertas la polka y el gallop en el carnet de baile, más que nada por no desentonar. Y porque al final pues tanto chándal y tanto setter acabaron cayéndome simpáticos: Bimba, Lisa, Aker, Morgana, Patrick, Mai, Easy Rider, Dallas, Hidra y una perruca de aguas muy simpática y muy callada y muy discreta. Que son todos del mismo correccional de Gin o del mismo polígono, pero estupendos.

Eché yo de menos que pudieran venir Tía Sonia y Tío Berto, que siempre están liados con la recogida y socialización de setters para Sos Setter. Que quería yo decirles que la nena Gin muy alegre y simpática y medio alcohólica, pero que para la próxima me pregunten a mí, que soy la que la sufro. Y que sería buena idea que tuvieran libro de reclamaciones.

Lo mejor del día, que la Gin al final corrió tanto que estuvo roncando varias horas seguidas. Un momento estupendo para disfrutar del hogar dulce hogar. Si no fuera porque yo estaba también derrengadita del todo y no me enteré del divino silencio.

Habrá que repetir. Pero la próxima vez, quiero una terracita, martinis secos y unos canapés de salmón. Si no, me quedo en casa.

domingo, 8 de enero de 2012

Mañana de Reyes


Voy yo y me levanto toda pinturera la mañana de Reyes para ver los regalitos por haber sido requetebuena y mejor, que sólo tardé dos horas en pintarme el ojo. Y resulta que voy con las nenas al salón y allí están sin tocar los garbanzos al alioli que dejé para los camellos y los canapés de pato con configura de pera que dejé para sus majestades de Oriente. Un truco para hacerme perdonar el mordisco en las nalgas de Gaspar del año pasado y sobre todo mi profunda fe republicana. Y junto a las bambas chillonas de Gin, mis mejores Blahnik y las alpargatas gatunas pues nada de nada. Que no veais qué sofoco in my face y qué cara de plañidera la de la Gin, que ya es intensa y llorona de por sí.

Menos mal que llamaron a la puerta y el Gafapasta nos vino con un paquete llegado por mensajería urgente de parte de los tres capullos esos, que decían que habían desarrollado pánico a las mordeduras de Brie (pfff, por unas dentelladas de nada, señoritingos) y que habían preferido no arriesgarse.

A la gata mala, Anabotella, le han traído una alcaldía, con su bastón de mando y todo. Pero digo yo que se han debido de equivocar, que la botella alcaldesa es la otra. Pero allí está ella tan divina con el medallón y el bastón todo el día maullando ordenanzas municipales absurdas. Menos mal que no hacemos caso.

A la gata tonta, Tiberio, como todos le ven vocación, le han traído un rosario enorme y una caja de valiums, a ver si entre rezar y drogarse deja de gritar por las habitaciones como la gata del exorcista.

Lo de Gin yo creo que ha sido la venganza de los reyes por el show del mordisco. Porque a mí no se me hace esto. Yo había encargado una Barbie princesa y un vestido de nidos con lacitos para la nena, a ver si conseguía civilizarla. Y van y le echan la Barbie Choni con un Ken Poligonero y el Kit Botellón completo, con discoteca pastillera y todo. Que así cómo va la nena a educarse en valores y estéticas como Dior manda. Peor aún, en vez del vestidito de nidos ¡le han echado un chándal blanco brillantoso de tiro bajo, de esos que se te ven medio culo y tres cuartos de braga de mercadillo!

Yo había pedido un abono para la ópera de París y un Givenchy largo con Swaroskis de esos bordados. También una guillotina de juguete y unos clicks aristócratas para cortarles la cabeza y hacer mis prácticas del Máster en Jacobinismo. Pero con lo de los recortes y la crisis (y que me parece a mí que los reyes son miserables y rencorosos) he tenido que conformarme con un Chanel monísimo color guinda en almíbar con leves toques de licor. Y de todos es sabido que una verdadera dama tiene que tener unos diez o doce chaneles de fondo de caseta. La trampa es que ahora tendré que gastarme un pastizal para comprarme bolso y zapatos a juego, porque en Santander no hay tiendas al nivel y como mínimo tendré que hacer una escapada a la Quinta Avenida.

En fin, que mientras Gin se termina el rosco voy a ver si tengo tiempo de quemarle la muñeca y el chándal a escondidas. Porque como empiece a salir al parque con la braga al aire la muerdo, os juro que la muerdo.

sábado, 24 de diciembre de 2011

NAVIDAD A LA NARANJA


Me preguntan las amigas que si esta año como de nuevo capón, tras el éxito de la Operación Nochebuena del año pasado. Y les he dicho que no, que los capones son como Rajoy. Por gallegos digo, malpensados. Y como a mí como que el nuevo no que no, así que he decidido sí que sí regresar al exquisito recetario tradicional francés. Estuve dudando si inclinarme por una oca rellena o por un pato a la naranja. Y ha triunfado la segunda opción.

Es que veréis, el Gafapasta se marcha por ahí de picos pardos. Porque como es muy considerado ya nos ha dicho que va a dejarnos disfrutar tranquilas de las fiestas a las niñas y a mí, que la le aguantamos bastante todo el año. Y mira, en eso tiene razón, porque lo que es en lo de la tranquilidad, ya me veo yo discutiendo con Anabotella, que desde que ha leído que va a ser alcaldesa de Madrid está insoportable, aguantando los escándalos y los ruidos de la Poligonera y pensando en cómo matar a la gata tonta que ha tenido la ocurrencia de ponerse en celo cachondo otra vez. Como si no fueran ya suficiente ruido los malditos petardos para añadir los decibelios pornográficos de Tiberio.

Pero el pato me ha parecido una opción estupenda. Está lleno de grasa, que me favorece mucho y le da un brillo espectacular a mi ya de por sí espectacular pelambre. La naranja le da un toque sofisticado y una sinfonía de sabores. Y anda sobre los tres kilos, que para mí sola está bien.

Porque me pienso poner de pato como una kika. Aunque lo mismo me da el punto bueno y con las sobras le hago unas croquetas al Gafapasta, que sé que le gustan.

¿Las niñas? Ah, sí, las niñas. Bueno, las he convencido de que la tradición en Nochebuena es encargar en Telepizza una mediana acorde con tu personalidad. Así que he encargado una de berza y boniato para Tiberio, una de guindillas picantes para Gin (lo que me voy a reír) y una con doble de queso rancio para Anabotella.

Y no me entretengo más que tengo que ponerme el Valentino azul noche y hacerme las uñas. Que yo soy de las de santificar las fiestas con mucho glamour.

Ah, se me pasaba con tanto ajetreo: ¡Feliciguaus!

sábado, 3 de diciembre de 2011

LA CAMA ES MÍA. Y EL GAFAPASTA TAMBIÉN.


Estoy un poco decepcionada por el poco eco que ha tenido mi candidatura en los medios de comunicación y en los comentaristas de blogs. Supongo que es porque me ven como una rival peligrosa a la que no se puede dar cancha como a la Rosa esa de la pelambre estropajosa. Pero ni la decepción me hará retirarme de mi vocación de servicio público ni pienso dejar de lado cuestiones mucho más domésticas pero no menos importantes.

Estoy un poco como de mal rollete con la poligonera. El otro día viene y me dice que el Gafapasta es su novio y que por eso le morrea cuando llega a casa de trabajar. Bueno, de lo que sea que haga cuando no lo vigilamos, porque a mí me da que estos que se las dan de intelectuales, de trabajar poco. Pero en fin. Yo ya había notado que la asquerosa de la Gin después de meter el hocico en la basura, en los posos del té, en las caquitas del parque y en la mierda que deja en la acera para los gatos la Neurasténica gritona del 19-B intenta restregar el hocico y la lengua con la boquita de piñón del Gafapasta. Y como es mema y arrogante no se da cuenta de que le pone cara de asquete y siempre la aparta con una chicuelina al biés. Pero ella que sí, que el Gafapasta es su novio, y que por eso se le mete en la cama y le planta la cabeza hueca y pelambrosa esa que tiene en la almohada y se le pega toda pegadita. Tan pegadita que ya no sé yo si es un setter inglés o una zorra común.

Y me estoy mosqueando. Que no es novia del Gafapasta ya lo sé yo. Primero porque el Gafapasta era novio del Chico Guapo y no está para historias. Y porque si era novio del Chico Guapo no creo yo que le resulte especialmente sicalíptico el potorro de la Gin. Pero es que además, si alguien se merece dormir pegadita al Gafapasta soy yo, que llevo años pendiente de cuidarle. Y es que he llegado a la conclusión de que me he pasado de buena con esta que cada día es más Jenny y tiene peores amistades.

Cuando hace bueno, a mí me gusta dormir en el suelo porque te deja los bajíos mucho más fresquitos, y además me puedo estirar para dormir a pata suelta y estar supermegacómoda de la muerte. Y no me parecía mal que la Gin se subiera a la cama y se arrimara al Gafapasta para coger más calor y acabar los dos sudados como marranos. Pero ya está bien. Me han dado varios ataques compulsivos de dignidad y de celos, y lo que es mio es mío.

Así que ahora, es meterse el Gafapasta en la cama y pegársele la Gin al morro, y subirme yo y empujar a la poligonera hasta que la tiro de la cama, me tumbo poniendo el culo justo en la almohada para que se entere el Gafapasta de lo que pienso de la situación y riéndome de la nena cuando se tiene que enroscar para encontrar un sitio pequeñito en la esquina inferior derecha mientras yo me estiro toa toa toa. Y lo mismo si se sube al sofá. Que a mí el sofá no me gusta nada porque es pequeñajo y me quedo como constreñida sobre mí misma, pero es ya cuestión de derechos adquiridos según la doctrina del Tribunal Superro. Así que cuando la Gin se sienta en el sofá, me levanto, gruño, enseño el colmillejo y la otra disimula y dice "qué sed tengo, me voy a beber" y cuando vuelve después de pimplarse medio litro de vodka, que se cree ella que nos engaña con lo de que es agua mineral la botella, ya estoy yo estirada como mejor puedo en el maldito sofá con el Gafapasta mirándome con cara de coña marinera y diciendo, hala, menuda envidiosa.

Pues sí, envidiosa y envidiosa. Pero que le quede clarito a la Gin de una vez o paso al modo mordisco on: La cama es mía. Y el Gafapasta también.

viernes, 25 de noviembre de 2011

GLENDA FOR PRESIDENT


Una está tan requetetán pendiente de la actualidad política (para que luego me llamen frivolona) que se ha olvidado del blog mientras tomaba decisiones de campaña. Y es que ya le dije al Gafapasta que quiero ser candidata a presidenta. No es que el chico sea de mucha ayuda, porque me mira con cara de coña coñera y me pregunta ¿pero a presidenta de qué? Y yo, muy ufana, pues digo, no sé, de algo modesto, del Mundo o así. Y me dice que no se puede ser Presidenta del Mundo, así que tendré que conformarme con Presidenta del Gobierno de España y Olé.

Me animó mucho a dar el paso Anabotella, la gata mala. Dice que ya no hay contenidos ni ideologías que valgan, que las elecciones son todo cuestión de imagen. Y si se trata de imagen, no hay quien pueda conmigo. Que además de estas suaves y dulces formas y este pelaje frondoso y sin igual tengo contenidos. Jacobina de pata negra, vamos. Pero sin perder el glamour.

He dudado un poco de lo de la imagen cuando el Gafapasta me puso en la tele el debate entre dos señores con mucho pelo en la cara, pero un pelo muy poco arreglado y muy poco lucido, no como mis barbitas de señora de Brie de Toda la Vida (BTV). Mucha pelambre facial, todo muy azul marino ... no me gustó nada de nada, y eso que estaba Rubalcaba, que ya sabéis que me parece listuco y tiene una socarronería trasmerana y malaleche que me encanta me encanta. Pero poco a poco me fui metiendo en el papel y me imaginé yo allí sentada con esos dos pavisosos y deslumbrando al electorado.

La cosa sería quitar de enmedio al Campo Vidal, que total para lo que hacía se podía haber ahorrado la noche, y ponerme yo en su sitio, con unas tacitas de té aromatizado con naranjas y guindas, unas pastitas, y departiendo amigablemente con los que serían mis dos rivales. Y no sólo llevaría yo el té y las pastitas (vistos sus trajes no me fío nada de sus gustos en infusiones), sino que además les haría asesoramiento estético para que lucieran con sus mejores brillos. Que buena falta les hace, pavisosos.

A Rubalcaba, por ejemplo, el azul marino le hace viejuno y triste. Y me parece fatal porque me consta que tiene un verbo cortante y palpitante. Yo le propondría un traje gris piedra de corte clásico pero bonito, con una camisa en azul noche y un pañuelo de Moschino con estampados de Olivia la de Popeye, o mejor, una corbata con Mortadelos. Que unos Mortadelos bien llevados siempre dan mucha pero mucha alegría hasta con crisis. Rajoy me lo pone mucho más difícil, pero aunque mi jacobinez me incline por Rubalcaba (con lo bien que me lo pasé yo controlando por el pasillo el tráfico aéreo de gatas) quiero ser noble, perruna y equidistante, y también me he retorcido las meninges para encontrar un look favorecedor: un burka de Ágatha Ruiz de la Prada con estampados alegres en fresón y lima. Así matamos unos cuantos pájaros de un tiro, escondemos los rasgos menos atractivos y quedamos bien con Pedrojota. El burka estaría bien en seda para verano o en lana fría para entretiempo. Pero como está obsesionado con los recortes y las austeridades y lo de vivir según sus posibilidades, lo mejor sería en tela de cortina barata. O de plástico, como las de los baños, que las hacen monísimas.

Tela de cortina para Rajoy, pero que quede claro que para mí seda. Yo soy muy de seda natural de primerísima calidad desde que descubrí lo fresquita y acariciadora que puede ser una braguita de seda de La Perla rozándote el potorrito. Porque primero había pensado en el clásico tailleur, un chanel mismamente, pero es que con los trajesastres puedes parecerte a Jackie Kennedy y estar deliciosa pero demasiado vintage o parecerte a Margaret Tatcher y dar impresión de mamarracha en salsa más agri que dulce. Y además si se trata de ser Presidenta del Gobierno de España, hay que hacer patria. Así que he pensado en encargar una blusa divina con un corte moderno y funcional a David Delfín. En color burdeos, que me queda genial con el pelaje arena tropical. Con una blusita así, puedes llevar una gargantilla discreta en oro blanco con unos rubíes no demasiado excesivos. Porque las perlas me hacen parecer mayor y franquista y los diamantes buenos estarían fuera de lugar en un debate profesional. Eso sí, el Ko-I-Noor lo tendría que llevar en el bolso, porque si lo dejo en casa lo mismo la Gin lo empeña para comprar alcohol, la borrachuza.

No puede fallar, es que me veo seduciendo al electorado, me veo. Y luego me instalo en Moncloa con el Gafapasta como Jefe de Gabinete y la Anabotella de portavoz mamporrera.

A la Gin y a la Tiberio, embajadoras en Nueva Zelanda y Australia respectivamente. Y eso porque no hay embajadas en Marte. Todavía.