
Lo de ser chica está bien, pero tiene sus inconvenientes. Ya os comenté que estaba atravesando una de esas fases en las que el potorrito se te pone aromático y cachondón, como una especie de imán para todos los chuchejos del barrio. Porque si esto fuera Estoril o Montecarlo o Cape Cod o Punta del Este (Marbella no, que te olisquea un Pitito Ridruejo o un Cachuli por un quítame allá este hueso), pues me encontraría con perros chulazos y elegantosos, pero por aquí nada de mi nivel. Ni en categoría ni en centímetros.
Hay un Golden Retriver que saca de paseo a un catalán muy mono. Es un poco histérico (el Golden, no el catalán) pero el Gafapasta se esconde en un portal hasta que les ve a los dos salir para fingir el encuentro casual. El catalanet es guapín, pero tampoco es para tanto, y además tiene una novia pavisosa que no me da nada de buen rollo. Pero claro, al Gafapasta le parece muy bonito tener al Golden todo atacao olisqueándome y tratando de hacerme guarrerías mientras él pone cara de sobao pasiego y comenta la jugada mientras maquina como sacar la crema catalana de su envoltorio. Harta me tiene.
Pero lo peor viene ahora. Que después de las calenturas, te queda como un desmayo lánguido que los listos llaman pseudo-gestación. Y claro, entre que te viene la migraña, entre que se te hormona todo de hocico a rabo, entre que se te van poniendo las ocho tetas como si fueran sucursales de la SAM, pues no haces vida de ti misma. Duda una entre ponerse moderna, cantando como las de Objetivo Birmania aquello de "Desidiaaaa, ahhhhh, al borde del mar" o tumbarse en la chaise longue a lo Saritísima. Las birmanas esas eran unas horterokitchs de cuidado, pero es que en una chaise longue desmereces mucho si no fumas algo, y claro, seguro que las gatas se chivaban y me ponían una sanción, que es lo que me faltaba.
Así que me paso los días tirada encima del almohadón, bebiendo como una cosaca los chupitos de vodka que el Gafapasta me mezcla con el Agua de Solares, y esperando a ver si me restriego un rato contra las manos del jefe o pego un par de lametones en los morros a las gatas hasta que se me pase este afán de maternidad que me está matando.
Y encima, tendré que pensar qué voy a parir esta vez. Lola, la pelirroja a lo Veronica Lake, solía parir un erizo de goma verde. Yo estoy dudando entre parir un mono de peluche enorme o ya directamente reparir a las gatas, a ver si esta vez al menos salen medio listas.
Qué estrés, señor de los espacios infinitos, qué estrés.