lunes, 9 de enero de 2012

En ocasiones veo ... setters.


Tenía yo ganas el domingo de ir a La Vijanera, que me han dicho que es una fiesta preciosísima y que me hubiera venido muy bien para completar mi tesis doctoral en Antropología del disfraz y Alta Costura. Pero el Gafapasta se puso tonto y dijo que de eso nada, que en esa fiesta había mucho ruido y campanu para arriba campanu para abajo me iba a volver yo una atolondrada y me iba a poner a ladrar como una posesa. Y que me iban a confundir con La Osa y me iban a dar con el ritual en todo el cogote.

Así que así en plan marimandón nos llevó a la Gin y a mí a la playa de Liencres, porque por lo visto había un baile o una recepción o una vernissage o algo fino y mono muy como para mí. Pero resulta que no, que llegamos a la playa, divina, eso sí, y resulta que había quedado con un montón de setters que habían llevado a sus humanos.

No, si como si lo viera, ahora aparecera esa chica tan maja con esa risa tan ordinariota y ruidosa que es vecina del Gafapasta, y dirá que Gin es monísima y los setter son divinos y que lo que pasa es que yo soy envidiosa y maniática. Pufffffff. Y resulta que no es verdad, que ni soy envidiosa, ni soy maniática, ni los setters son divinos.

A ver si nos entendemos, que son muy deportistas y muy correveidiles y muy simpáticos. Como los macarras esos de los parques que le vuelven loco al Gafapasta, que tiene el gusto perdidito y le gustan los chandalanes, aunque lleven chándal-chándal y no aquella locura de los Dolce & Gabanna que en el invierno de 2010 decidieron vestir a los chulazos de chaperos con una ropa increiblemente cani, increiblemente macarra e increiblemente cara. Y los setters son un poco así, que se creen que están guapísimos con sus mantos manchados y no se dan cuenta de que esos pelajes no se llevan para NA-DA. Y que lo resultón hoy son tonos pastel en liso para combinarlos con foulards elegantes con estampados de fantasía. Vamos, mi color Arena-de-playa-tropical-en-un-poniente-de-primavera, sin ir más lejos. Vaaale, los irlandeses tienen un color mono, pero están más locos que la media. Y los gordon, vaaale, también tienen manto liso, pero es que son muy brutos, que desde que vieron Braveheart se pasan la vida levantándose las faldas y enseñándote el culamen. Que no, que no puedo con los setters.

Así que yo al principio muy diplomática, que una sabe estar eh, sabe estar. Y pasaba de setter en setter diciendo muy fina "¿Como está usted?" "¿Ha tenido un buen viaje?" "Parecía que iba a llover pero quedó una mañana linda" y "¿Le gustan las pastas?" y otras tonterías igual de interesantes y de profundas.

Para colmo, la Gin entró en uno de sus famosos ataques de autismo de roquedal y en vez de ponerse a galopar con el resto de la manada se fue sola a las rocas a buscar bacalaos y percebes, que cuando yo digo que es tonta, es que es tonta. Y un bochorno, porque eso es de súper mala educación y van a decir que no doy yo buen ejemplo. Menos mal que al final yo muy "Pero tonta, si están todos locos como tú, que te vas a divertir" conseguí que se le pasara el ataque de tontería y se pusiera a jugar con la pandilla. Y lo bien que se lo pasaron todos corriendo para un lado, corriendo para otro, que si una pelota por aquí, que si un palo por allá, que si hago un hoyo en la arena, que si yo lo hago más hondo, que si salto una ola, que si salto dos. Un follón. Mientras los humanos miraban con toda la baba colgando como simplones de romería.

A mí la que me pareció más simpática fue Tuba, que no era setter, vaya casualidad, y que me ayudó a controlar a la nena. ¿Que la Gin se acercaba con sus andares de polígono de tercera? Allá que iba la Tuba a empujarla y hacerla ir corriendo hasta la quinta duna y vuelta. Trabajo que me ahorró, qué encanto.

Al final hasta corrí yo un poquito, digamos que como si hubiera dejado cubiertas la polka y el gallop en el carnet de baile, más que nada por no desentonar. Y porque al final pues tanto chándal y tanto setter acabaron cayéndome simpáticos: Bimba, Lisa, Aker, Morgana, Patrick, Mai, Easy Rider, Dallas, Hidra y una perruca de aguas muy simpática y muy callada y muy discreta. Que son todos del mismo correccional de Gin o del mismo polígono, pero estupendos.

Eché yo de menos que pudieran venir Tía Sonia y Tío Berto, que siempre están liados con la recogida y socialización de setters para Sos Setter. Que quería yo decirles que la nena Gin muy alegre y simpática y medio alcohólica, pero que para la próxima me pregunten a mí, que soy la que la sufro. Y que sería buena idea que tuvieran libro de reclamaciones.

Lo mejor del día, que la Gin al final corrió tanto que estuvo roncando varias horas seguidas. Un momento estupendo para disfrutar del hogar dulce hogar. Si no fuera porque yo estaba también derrengadita del todo y no me enteré del divino silencio.

Habrá que repetir. Pero la próxima vez, quiero una terracita, martinis secos y unos canapés de salmón. Si no, me quedo en casa.

domingo, 8 de enero de 2012

Mañana de Reyes


Voy yo y me levanto toda pinturera la mañana de Reyes para ver los regalitos por haber sido requetebuena y mejor, que sólo tardé dos horas en pintarme el ojo. Y resulta que voy con las nenas al salón y allí están sin tocar los garbanzos al alioli que dejé para los camellos y los canapés de pato con configura de pera que dejé para sus majestades de Oriente. Un truco para hacerme perdonar el mordisco en las nalgas de Gaspar del año pasado y sobre todo mi profunda fe republicana. Y junto a las bambas chillonas de Gin, mis mejores Blahnik y las alpargatas gatunas pues nada de nada. Que no veais qué sofoco in my face y qué cara de plañidera la de la Gin, que ya es intensa y llorona de por sí.

Menos mal que llamaron a la puerta y el Gafapasta nos vino con un paquete llegado por mensajería urgente de parte de los tres capullos esos, que decían que habían desarrollado pánico a las mordeduras de Brie (pfff, por unas dentelladas de nada, señoritingos) y que habían preferido no arriesgarse.

A la gata mala, Anabotella, le han traído una alcaldía, con su bastón de mando y todo. Pero digo yo que se han debido de equivocar, que la botella alcaldesa es la otra. Pero allí está ella tan divina con el medallón y el bastón todo el día maullando ordenanzas municipales absurdas. Menos mal que no hacemos caso.

A la gata tonta, Tiberio, como todos le ven vocación, le han traído un rosario enorme y una caja de valiums, a ver si entre rezar y drogarse deja de gritar por las habitaciones como la gata del exorcista.

Lo de Gin yo creo que ha sido la venganza de los reyes por el show del mordisco. Porque a mí no se me hace esto. Yo había encargado una Barbie princesa y un vestido de nidos con lacitos para la nena, a ver si conseguía civilizarla. Y van y le echan la Barbie Choni con un Ken Poligonero y el Kit Botellón completo, con discoteca pastillera y todo. Que así cómo va la nena a educarse en valores y estéticas como Dior manda. Peor aún, en vez del vestidito de nidos ¡le han echado un chándal blanco brillantoso de tiro bajo, de esos que se te ven medio culo y tres cuartos de braga de mercadillo!

Yo había pedido un abono para la ópera de París y un Givenchy largo con Swaroskis de esos bordados. También una guillotina de juguete y unos clicks aristócratas para cortarles la cabeza y hacer mis prácticas del Máster en Jacobinismo. Pero con lo de los recortes y la crisis (y que me parece a mí que los reyes son miserables y rencorosos) he tenido que conformarme con un Chanel monísimo color guinda en almíbar con leves toques de licor. Y de todos es sabido que una verdadera dama tiene que tener unos diez o doce chaneles de fondo de caseta. La trampa es que ahora tendré que gastarme un pastizal para comprarme bolso y zapatos a juego, porque en Santander no hay tiendas al nivel y como mínimo tendré que hacer una escapada a la Quinta Avenida.

En fin, que mientras Gin se termina el rosco voy a ver si tengo tiempo de quemarle la muñeca y el chándal a escondidas. Porque como empiece a salir al parque con la braga al aire la muerdo, os juro que la muerdo.

sábado, 24 de diciembre de 2011

NAVIDAD A LA NARANJA


Me preguntan las amigas que si esta año como de nuevo capón, tras el éxito de la Operación Nochebuena del año pasado. Y les he dicho que no, que los capones son como Rajoy. Por gallegos digo, malpensados. Y como a mí como que el nuevo no que no, así que he decidido sí que sí regresar al exquisito recetario tradicional francés. Estuve dudando si inclinarme por una oca rellena o por un pato a la naranja. Y ha triunfado la segunda opción.

Es que veréis, el Gafapasta se marcha por ahí de picos pardos. Porque como es muy considerado ya nos ha dicho que va a dejarnos disfrutar tranquilas de las fiestas a las niñas y a mí, que la le aguantamos bastante todo el año. Y mira, en eso tiene razón, porque lo que es en lo de la tranquilidad, ya me veo yo discutiendo con Anabotella, que desde que ha leído que va a ser alcaldesa de Madrid está insoportable, aguantando los escándalos y los ruidos de la Poligonera y pensando en cómo matar a la gata tonta que ha tenido la ocurrencia de ponerse en celo cachondo otra vez. Como si no fueran ya suficiente ruido los malditos petardos para añadir los decibelios pornográficos de Tiberio.

Pero el pato me ha parecido una opción estupenda. Está lleno de grasa, que me favorece mucho y le da un brillo espectacular a mi ya de por sí espectacular pelambre. La naranja le da un toque sofisticado y una sinfonía de sabores. Y anda sobre los tres kilos, que para mí sola está bien.

Porque me pienso poner de pato como una kika. Aunque lo mismo me da el punto bueno y con las sobras le hago unas croquetas al Gafapasta, que sé que le gustan.

¿Las niñas? Ah, sí, las niñas. Bueno, las he convencido de que la tradición en Nochebuena es encargar en Telepizza una mediana acorde con tu personalidad. Así que he encargado una de berza y boniato para Tiberio, una de guindillas picantes para Gin (lo que me voy a reír) y una con doble de queso rancio para Anabotella.

Y no me entretengo más que tengo que ponerme el Valentino azul noche y hacerme las uñas. Que yo soy de las de santificar las fiestas con mucho glamour.

Ah, se me pasaba con tanto ajetreo: ¡Feliciguaus!

sábado, 3 de diciembre de 2011

LA CAMA ES MÍA. Y EL GAFAPASTA TAMBIÉN.


Estoy un poco decepcionada por el poco eco que ha tenido mi candidatura en los medios de comunicación y en los comentaristas de blogs. Supongo que es porque me ven como una rival peligrosa a la que no se puede dar cancha como a la Rosa esa de la pelambre estropajosa. Pero ni la decepción me hará retirarme de mi vocación de servicio público ni pienso dejar de lado cuestiones mucho más domésticas pero no menos importantes.

Estoy un poco como de mal rollete con la poligonera. El otro día viene y me dice que el Gafapasta es su novio y que por eso le morrea cuando llega a casa de trabajar. Bueno, de lo que sea que haga cuando no lo vigilamos, porque a mí me da que estos que se las dan de intelectuales, de trabajar poco. Pero en fin. Yo ya había notado que la asquerosa de la Gin después de meter el hocico en la basura, en los posos del té, en las caquitas del parque y en la mierda que deja en la acera para los gatos la Neurasténica gritona del 19-B intenta restregar el hocico y la lengua con la boquita de piñón del Gafapasta. Y como es mema y arrogante no se da cuenta de que le pone cara de asquete y siempre la aparta con una chicuelina al biés. Pero ella que sí, que el Gafapasta es su novio, y que por eso se le mete en la cama y le planta la cabeza hueca y pelambrosa esa que tiene en la almohada y se le pega toda pegadita. Tan pegadita que ya no sé yo si es un setter inglés o una zorra común.

Y me estoy mosqueando. Que no es novia del Gafapasta ya lo sé yo. Primero porque el Gafapasta era novio del Chico Guapo y no está para historias. Y porque si era novio del Chico Guapo no creo yo que le resulte especialmente sicalíptico el potorro de la Gin. Pero es que además, si alguien se merece dormir pegadita al Gafapasta soy yo, que llevo años pendiente de cuidarle. Y es que he llegado a la conclusión de que me he pasado de buena con esta que cada día es más Jenny y tiene peores amistades.

Cuando hace bueno, a mí me gusta dormir en el suelo porque te deja los bajíos mucho más fresquitos, y además me puedo estirar para dormir a pata suelta y estar supermegacómoda de la muerte. Y no me parecía mal que la Gin se subiera a la cama y se arrimara al Gafapasta para coger más calor y acabar los dos sudados como marranos. Pero ya está bien. Me han dado varios ataques compulsivos de dignidad y de celos, y lo que es mio es mío.

Así que ahora, es meterse el Gafapasta en la cama y pegársele la Gin al morro, y subirme yo y empujar a la poligonera hasta que la tiro de la cama, me tumbo poniendo el culo justo en la almohada para que se entere el Gafapasta de lo que pienso de la situación y riéndome de la nena cuando se tiene que enroscar para encontrar un sitio pequeñito en la esquina inferior derecha mientras yo me estiro toa toa toa. Y lo mismo si se sube al sofá. Que a mí el sofá no me gusta nada porque es pequeñajo y me quedo como constreñida sobre mí misma, pero es ya cuestión de derechos adquiridos según la doctrina del Tribunal Superro. Así que cuando la Gin se sienta en el sofá, me levanto, gruño, enseño el colmillejo y la otra disimula y dice "qué sed tengo, me voy a beber" y cuando vuelve después de pimplarse medio litro de vodka, que se cree ella que nos engaña con lo de que es agua mineral la botella, ya estoy yo estirada como mejor puedo en el maldito sofá con el Gafapasta mirándome con cara de coña marinera y diciendo, hala, menuda envidiosa.

Pues sí, envidiosa y envidiosa. Pero que le quede clarito a la Gin de una vez o paso al modo mordisco on: La cama es mía. Y el Gafapasta también.

viernes, 25 de noviembre de 2011

GLENDA FOR PRESIDENT


Una está tan requetetán pendiente de la actualidad política (para que luego me llamen frivolona) que se ha olvidado del blog mientras tomaba decisiones de campaña. Y es que ya le dije al Gafapasta que quiero ser candidata a presidenta. No es que el chico sea de mucha ayuda, porque me mira con cara de coña coñera y me pregunta ¿pero a presidenta de qué? Y yo, muy ufana, pues digo, no sé, de algo modesto, del Mundo o así. Y me dice que no se puede ser Presidenta del Mundo, así que tendré que conformarme con Presidenta del Gobierno de España y Olé.

Me animó mucho a dar el paso Anabotella, la gata mala. Dice que ya no hay contenidos ni ideologías que valgan, que las elecciones son todo cuestión de imagen. Y si se trata de imagen, no hay quien pueda conmigo. Que además de estas suaves y dulces formas y este pelaje frondoso y sin igual tengo contenidos. Jacobina de pata negra, vamos. Pero sin perder el glamour.

He dudado un poco de lo de la imagen cuando el Gafapasta me puso en la tele el debate entre dos señores con mucho pelo en la cara, pero un pelo muy poco arreglado y muy poco lucido, no como mis barbitas de señora de Brie de Toda la Vida (BTV). Mucha pelambre facial, todo muy azul marino ... no me gustó nada de nada, y eso que estaba Rubalcaba, que ya sabéis que me parece listuco y tiene una socarronería trasmerana y malaleche que me encanta me encanta. Pero poco a poco me fui metiendo en el papel y me imaginé yo allí sentada con esos dos pavisosos y deslumbrando al electorado.

La cosa sería quitar de enmedio al Campo Vidal, que total para lo que hacía se podía haber ahorrado la noche, y ponerme yo en su sitio, con unas tacitas de té aromatizado con naranjas y guindas, unas pastitas, y departiendo amigablemente con los que serían mis dos rivales. Y no sólo llevaría yo el té y las pastitas (vistos sus trajes no me fío nada de sus gustos en infusiones), sino que además les haría asesoramiento estético para que lucieran con sus mejores brillos. Que buena falta les hace, pavisosos.

A Rubalcaba, por ejemplo, el azul marino le hace viejuno y triste. Y me parece fatal porque me consta que tiene un verbo cortante y palpitante. Yo le propondría un traje gris piedra de corte clásico pero bonito, con una camisa en azul noche y un pañuelo de Moschino con estampados de Olivia la de Popeye, o mejor, una corbata con Mortadelos. Que unos Mortadelos bien llevados siempre dan mucha pero mucha alegría hasta con crisis. Rajoy me lo pone mucho más difícil, pero aunque mi jacobinez me incline por Rubalcaba (con lo bien que me lo pasé yo controlando por el pasillo el tráfico aéreo de gatas) quiero ser noble, perruna y equidistante, y también me he retorcido las meninges para encontrar un look favorecedor: un burka de Ágatha Ruiz de la Prada con estampados alegres en fresón y lima. Así matamos unos cuantos pájaros de un tiro, escondemos los rasgos menos atractivos y quedamos bien con Pedrojota. El burka estaría bien en seda para verano o en lana fría para entretiempo. Pero como está obsesionado con los recortes y las austeridades y lo de vivir según sus posibilidades, lo mejor sería en tela de cortina barata. O de plástico, como las de los baños, que las hacen monísimas.

Tela de cortina para Rajoy, pero que quede claro que para mí seda. Yo soy muy de seda natural de primerísima calidad desde que descubrí lo fresquita y acariciadora que puede ser una braguita de seda de La Perla rozándote el potorrito. Porque primero había pensado en el clásico tailleur, un chanel mismamente, pero es que con los trajesastres puedes parecerte a Jackie Kennedy y estar deliciosa pero demasiado vintage o parecerte a Margaret Tatcher y dar impresión de mamarracha en salsa más agri que dulce. Y además si se trata de ser Presidenta del Gobierno de España, hay que hacer patria. Así que he pensado en encargar una blusa divina con un corte moderno y funcional a David Delfín. En color burdeos, que me queda genial con el pelaje arena tropical. Con una blusita así, puedes llevar una gargantilla discreta en oro blanco con unos rubíes no demasiado excesivos. Porque las perlas me hacen parecer mayor y franquista y los diamantes buenos estarían fuera de lugar en un debate profesional. Eso sí, el Ko-I-Noor lo tendría que llevar en el bolso, porque si lo dejo en casa lo mismo la Gin lo empeña para comprar alcohol, la borrachuza.

No puede fallar, es que me veo seduciendo al electorado, me veo. Y luego me instalo en Moncloa con el Gafapasta como Jefe de Gabinete y la Anabotella de portavoz mamporrera.

A la Gin y a la Tiberio, embajadoras en Nueva Zelanda y Australia respectivamente. Y eso porque no hay embajadas en Marte. Todavía.

sábado, 15 de octubre de 2011

LA CALLE ES MÍA


A mí los años no es ya que me estén dotando de esta galanura y donaire que a mí misma me asombran, sino que ademas acumulo gracejo, sabiduría y un respe gruñón que ni el carca de Fraga en sus más gruñonas décadas. Y es que una sabe de sobra cuáles son sus derechos y cómo defenderlos. Como que no es una capaz de pegarle un medio meneo al biés a una bull terrier pesada que se ha creído que puede pasearse por el parque sin saludarme ni rendirme pleitesía ni nada. Juas.

Y hoy he tenido un día de esos que empezó con la proclamación oficial de que la cama es mía para continuar con la de que la calle es mía para concluir con la esencial la cena es mía.

Lo de la calle, pues es que la Gin como es jovenzuela, poligonera, cabezona y un poco lianta sigue emperrándose en decir que si está indignada por aquí, cabreada por allá y que los cazadores y las administraciones que no protegen a los pobres perrucos no la representan. Porque no se entera de nada y de que no van por ahí los tiros. Pero como hay mogollón ella feliz culeando "Gafapasta, llévame, Gafapasta, llévame". Y el canelo del Gafapasta, que a mí me pone tiernona y cachondona pero es un lelo que no sabe negar nada a la chiquilla, pues allá que se va para la manifestación.

Que no digo yo que no esté bien, pero a mis años yo sigo fiel a mis convicciones jacobinas. Y ya sabéis que yo todo esto lo solucionaría con una buena guillotina de alto rendimiento. Y además eso de ir de flower power por las calles me estresa muchísimo. Menos mal que esta vez me lo barruntaba y me puse los zapatos de salón, diseño exclusivo de Beda Herrezuelo, con tacón bajo bajísimo, que el 19-J me fui yo tan pichi a pasear con los unos stilettos de Versace y terminé la coño indignación que no sabía si la cadera se me movía a ritmo de rumba o de terremoto en El Hierro.

Y todo muy estupendo, pero la peña se debe de creer simpática con lo de "Mira, dos perroflautas". Qué pesados. Yo creo que mi exhuberante y rico potorrito da ya señas de que yo no soy precisamente un perro. Y mi donaire me inhabilita para tocar instrumentos de viento, que son muy ordinarios, como de banda de regimiento. Puesta a musicar, yo me veo más al arpa o con un piano de cola color caoba, no sé, perra-arpa o perra-piano. Y tampoco veo muy de flauta a Gin, que con lo ordinaria que sigue es más perratrombón. Pero nada, que los humanoflautasflowerpower se ríen mucho como si por la tontería les fueran a otorgar el Nobel de la Bobochorrada.

De todas maneras, yo ya le he dicho al Gafapasta que si sigue con la manía de deambular en masa por las calles de Santander, que a mí me deje en una timba de bridge. Porque ni con los tacones planos, vuelvo derrengada. Y el traje Chanel de entretiempo, que es monísimo, entre tanta gente no me luce nada.

martes, 27 de septiembre de 2011

Dora la Exploradora va a la playa

El Gafapasta está tan agotado de la hiperactividad destructiva de la poligonera, que hasta se ha sacudido su tradicional pereza y ha estado buena parte del verano promoviendo ricos y largos paseos a la playa. Por la noche, porque dicen los humanos, esos cerdos que están llenando de mugre el universo, que los seres civilizados manchamos y molestamos, juas. Pero hay que reconocer que una playa privada para el Gafapasta, la Gin y Moi está requetebién.

Yo en la playa tengo mis días. Lo mismo me da la vena esportiva y me pongo a correr como una loca detrás de la nena hasta que me hago cisco la pata y me tiro dos semanas coja (si al final va a tener razón el Gafapasta y no estoy yo ya como para plusmarquista olímpica, sniff) que me pone cachondona el rollo tranqui y me dedico a disfrutar de un elegante tratamiento de talasoterapia. Qué sí , reinas, que los baños de ola no son solamente una chorrada hortera del ayuntamiento de Santander, son también unos masajes relajantes y refrescantes que te dan las olas del Cantábrico que te vienen de miedo. Así que me busco un charco entre las rocas bien remansadito, me sumerjo hasta la puntita de la nariz y me quedo leluca mientras el fresquito me invade y el dulce vaivén del mar me masajea desde la trufa hasta el potorrito. Y entre las carreras, que me han devuelto el tipín envidiable de una adolescente, y los masajes oceánicos, que me han dejado el cutis limpio como una patena, parezco la Lola Flores, porque estoy como nunca. Delgadita. Relajadita. Coja.

La niña no, la niña no se relaja ni con ajenjo en vena. Y como no es nada elegante, pues dice que con las terapias de balneario se aburre como una cerda embutida. Así que se limita a correr, y correr, y correr, y correr, y saltar las olas, y correr, y correr, y así de extremo a punta de la playa, que la muy lerda se debe de pensar que va a llegar a Inglaterra a hacer un pis en su árbol genealógico. Porque energía tiene la poligonera para alimentar una central eléctrica, pero vida interior una o ninguna.

Anoche, sin ir más lejos, en medio de su ataque atlético y con una marea baja bajísima con un coeficiente que dejaba todas las rocas del Sardinero al aire, fue poseída por el espíritu tonto de Dora la Exploradora y empezó a rebuscar entre rocas, piedras, charcos y plegamientos jurásicos varios, como si estuviera rodando para National Geographic. Y yo pensándome que sería megadiver que un cangrejo le mordiera en la naricita y se le quedara hinchada para una buena temporada. O mejor, que una anémona de mar de esas que lo mismo parecen una flor fastuosa que una caca de mandril pegada a la roca, le echara un ñisco en condiciones a la pata y se le quedara la cojera a juego con la mía. Pero nada, ella que si subo como una loca, que si bajo como una posesa, que si salto como una chiflada, que si me agacho como una perturbada. Porque en la playa se le va el poco seso que tiene.

Y el Gafapasta y yo esperando a que la muy desconsiderada se dignara a venir, intuyéndola entre las sombras y las oscuridades, detectándola de pronto en las alturas de la roca dibujando postalitas con la luna de fondo o acordándonos de su madre cuando la helada empezaba a pegar en condiciones. Y allá que te explora y que te explora hasta que empezamos a escuchar ese grititito histérico y desafinado, profundamente desagradable, que nos regala la Gin cada vez que se le altera el nervio. Caída en un charco que me la cubría entera enterita, intentando subirse a la roca llena de verdín y resbalándose una vez, y otra, y otra. Y yo partiéndome el cuadro y el Gafapasta lo mismo, que no sé ni como salió la muy torpe del lío en el que se había metido.

Pero no escarmienta. Que a la vuelta yo para serenarme después de tanta risa tonta me di otra sesión de espá y me vino diciendo "tía, vamos, que eso es mogollón de aburrido, vamos a correr y a correr".

Que ya le dije yo, que me dejara tranquila con mi vida interior un rato. Y que se volviera al charco resbaloso a ver si pescaba un bacalao. Mema.