viernes, 25 de noviembre de 2011

GLENDA FOR PRESIDENT


Una está tan requetetán pendiente de la actualidad política (para que luego me llamen frivolona) que se ha olvidado del blog mientras tomaba decisiones de campaña. Y es que ya le dije al Gafapasta que quiero ser candidata a presidenta. No es que el chico sea de mucha ayuda, porque me mira con cara de coña coñera y me pregunta ¿pero a presidenta de qué? Y yo, muy ufana, pues digo, no sé, de algo modesto, del Mundo o así. Y me dice que no se puede ser Presidenta del Mundo, así que tendré que conformarme con Presidenta del Gobierno de España y Olé.

Me animó mucho a dar el paso Anabotella, la gata mala. Dice que ya no hay contenidos ni ideologías que valgan, que las elecciones son todo cuestión de imagen. Y si se trata de imagen, no hay quien pueda conmigo. Que además de estas suaves y dulces formas y este pelaje frondoso y sin igual tengo contenidos. Jacobina de pata negra, vamos. Pero sin perder el glamour.

He dudado un poco de lo de la imagen cuando el Gafapasta me puso en la tele el debate entre dos señores con mucho pelo en la cara, pero un pelo muy poco arreglado y muy poco lucido, no como mis barbitas de señora de Brie de Toda la Vida (BTV). Mucha pelambre facial, todo muy azul marino ... no me gustó nada de nada, y eso que estaba Rubalcaba, que ya sabéis que me parece listuco y tiene una socarronería trasmerana y malaleche que me encanta me encanta. Pero poco a poco me fui metiendo en el papel y me imaginé yo allí sentada con esos dos pavisosos y deslumbrando al electorado.

La cosa sería quitar de enmedio al Campo Vidal, que total para lo que hacía se podía haber ahorrado la noche, y ponerme yo en su sitio, con unas tacitas de té aromatizado con naranjas y guindas, unas pastitas, y departiendo amigablemente con los que serían mis dos rivales. Y no sólo llevaría yo el té y las pastitas (vistos sus trajes no me fío nada de sus gustos en infusiones), sino que además les haría asesoramiento estético para que lucieran con sus mejores brillos. Que buena falta les hace, pavisosos.

A Rubalcaba, por ejemplo, el azul marino le hace viejuno y triste. Y me parece fatal porque me consta que tiene un verbo cortante y palpitante. Yo le propondría un traje gris piedra de corte clásico pero bonito, con una camisa en azul noche y un pañuelo de Moschino con estampados de Olivia la de Popeye, o mejor, una corbata con Mortadelos. Que unos Mortadelos bien llevados siempre dan mucha pero mucha alegría hasta con crisis. Rajoy me lo pone mucho más difícil, pero aunque mi jacobinez me incline por Rubalcaba (con lo bien que me lo pasé yo controlando por el pasillo el tráfico aéreo de gatas) quiero ser noble, perruna y equidistante, y también me he retorcido las meninges para encontrar un look favorecedor: un burka de Ágatha Ruiz de la Prada con estampados alegres en fresón y lima. Así matamos unos cuantos pájaros de un tiro, escondemos los rasgos menos atractivos y quedamos bien con Pedrojota. El burka estaría bien en seda para verano o en lana fría para entretiempo. Pero como está obsesionado con los recortes y las austeridades y lo de vivir según sus posibilidades, lo mejor sería en tela de cortina barata. O de plástico, como las de los baños, que las hacen monísimas.

Tela de cortina para Rajoy, pero que quede claro que para mí seda. Yo soy muy de seda natural de primerísima calidad desde que descubrí lo fresquita y acariciadora que puede ser una braguita de seda de La Perla rozándote el potorrito. Porque primero había pensado en el clásico tailleur, un chanel mismamente, pero es que con los trajesastres puedes parecerte a Jackie Kennedy y estar deliciosa pero demasiado vintage o parecerte a Margaret Tatcher y dar impresión de mamarracha en salsa más agri que dulce. Y además si se trata de ser Presidenta del Gobierno de España, hay que hacer patria. Así que he pensado en encargar una blusa divina con un corte moderno y funcional a David Delfín. En color burdeos, que me queda genial con el pelaje arena tropical. Con una blusita así, puedes llevar una gargantilla discreta en oro blanco con unos rubíes no demasiado excesivos. Porque las perlas me hacen parecer mayor y franquista y los diamantes buenos estarían fuera de lugar en un debate profesional. Eso sí, el Ko-I-Noor lo tendría que llevar en el bolso, porque si lo dejo en casa lo mismo la Gin lo empeña para comprar alcohol, la borrachuza.

No puede fallar, es que me veo seduciendo al electorado, me veo. Y luego me instalo en Moncloa con el Gafapasta como Jefe de Gabinete y la Anabotella de portavoz mamporrera.

A la Gin y a la Tiberio, embajadoras en Nueva Zelanda y Australia respectivamente. Y eso porque no hay embajadas en Marte. Todavía.

sábado, 15 de octubre de 2011

LA CALLE ES MÍA


A mí los años no es ya que me estén dotando de esta galanura y donaire que a mí misma me asombran, sino que ademas acumulo gracejo, sabiduría y un respe gruñón que ni el carca de Fraga en sus más gruñonas décadas. Y es que una sabe de sobra cuáles son sus derechos y cómo defenderlos. Como que no es una capaz de pegarle un medio meneo al biés a una bull terrier pesada que se ha creído que puede pasearse por el parque sin saludarme ni rendirme pleitesía ni nada. Juas.

Y hoy he tenido un día de esos que empezó con la proclamación oficial de que la cama es mía para continuar con la de que la calle es mía para concluir con la esencial la cena es mía.

Lo de la calle, pues es que la Gin como es jovenzuela, poligonera, cabezona y un poco lianta sigue emperrándose en decir que si está indignada por aquí, cabreada por allá y que los cazadores y las administraciones que no protegen a los pobres perrucos no la representan. Porque no se entera de nada y de que no van por ahí los tiros. Pero como hay mogollón ella feliz culeando "Gafapasta, llévame, Gafapasta, llévame". Y el canelo del Gafapasta, que a mí me pone tiernona y cachondona pero es un lelo que no sabe negar nada a la chiquilla, pues allá que se va para la manifestación.

Que no digo yo que no esté bien, pero a mis años yo sigo fiel a mis convicciones jacobinas. Y ya sabéis que yo todo esto lo solucionaría con una buena guillotina de alto rendimiento. Y además eso de ir de flower power por las calles me estresa muchísimo. Menos mal que esta vez me lo barruntaba y me puse los zapatos de salón, diseño exclusivo de Beda Herrezuelo, con tacón bajo bajísimo, que el 19-J me fui yo tan pichi a pasear con los unos stilettos de Versace y terminé la coño indignación que no sabía si la cadera se me movía a ritmo de rumba o de terremoto en El Hierro.

Y todo muy estupendo, pero la peña se debe de creer simpática con lo de "Mira, dos perroflautas". Qué pesados. Yo creo que mi exhuberante y rico potorrito da ya señas de que yo no soy precisamente un perro. Y mi donaire me inhabilita para tocar instrumentos de viento, que son muy ordinarios, como de banda de regimiento. Puesta a musicar, yo me veo más al arpa o con un piano de cola color caoba, no sé, perra-arpa o perra-piano. Y tampoco veo muy de flauta a Gin, que con lo ordinaria que sigue es más perratrombón. Pero nada, que los humanoflautasflowerpower se ríen mucho como si por la tontería les fueran a otorgar el Nobel de la Bobochorrada.

De todas maneras, yo ya le he dicho al Gafapasta que si sigue con la manía de deambular en masa por las calles de Santander, que a mí me deje en una timba de bridge. Porque ni con los tacones planos, vuelvo derrengada. Y el traje Chanel de entretiempo, que es monísimo, entre tanta gente no me luce nada.

martes, 27 de septiembre de 2011

Dora la Exploradora va a la playa

El Gafapasta está tan agotado de la hiperactividad destructiva de la poligonera, que hasta se ha sacudido su tradicional pereza y ha estado buena parte del verano promoviendo ricos y largos paseos a la playa. Por la noche, porque dicen los humanos, esos cerdos que están llenando de mugre el universo, que los seres civilizados manchamos y molestamos, juas. Pero hay que reconocer que una playa privada para el Gafapasta, la Gin y Moi está requetebién.

Yo en la playa tengo mis días. Lo mismo me da la vena esportiva y me pongo a correr como una loca detrás de la nena hasta que me hago cisco la pata y me tiro dos semanas coja (si al final va a tener razón el Gafapasta y no estoy yo ya como para plusmarquista olímpica, sniff) que me pone cachondona el rollo tranqui y me dedico a disfrutar de un elegante tratamiento de talasoterapia. Qué sí , reinas, que los baños de ola no son solamente una chorrada hortera del ayuntamiento de Santander, son también unos masajes relajantes y refrescantes que te dan las olas del Cantábrico que te vienen de miedo. Así que me busco un charco entre las rocas bien remansadito, me sumerjo hasta la puntita de la nariz y me quedo leluca mientras el fresquito me invade y el dulce vaivén del mar me masajea desde la trufa hasta el potorrito. Y entre las carreras, que me han devuelto el tipín envidiable de una adolescente, y los masajes oceánicos, que me han dejado el cutis limpio como una patena, parezco la Lola Flores, porque estoy como nunca. Delgadita. Relajadita. Coja.

La niña no, la niña no se relaja ni con ajenjo en vena. Y como no es nada elegante, pues dice que con las terapias de balneario se aburre como una cerda embutida. Así que se limita a correr, y correr, y correr, y correr, y saltar las olas, y correr, y correr, y así de extremo a punta de la playa, que la muy lerda se debe de pensar que va a llegar a Inglaterra a hacer un pis en su árbol genealógico. Porque energía tiene la poligonera para alimentar una central eléctrica, pero vida interior una o ninguna.

Anoche, sin ir más lejos, en medio de su ataque atlético y con una marea baja bajísima con un coeficiente que dejaba todas las rocas del Sardinero al aire, fue poseída por el espíritu tonto de Dora la Exploradora y empezó a rebuscar entre rocas, piedras, charcos y plegamientos jurásicos varios, como si estuviera rodando para National Geographic. Y yo pensándome que sería megadiver que un cangrejo le mordiera en la naricita y se le quedara hinchada para una buena temporada. O mejor, que una anémona de mar de esas que lo mismo parecen una flor fastuosa que una caca de mandril pegada a la roca, le echara un ñisco en condiciones a la pata y se le quedara la cojera a juego con la mía. Pero nada, ella que si subo como una loca, que si bajo como una posesa, que si salto como una chiflada, que si me agacho como una perturbada. Porque en la playa se le va el poco seso que tiene.

Y el Gafapasta y yo esperando a que la muy desconsiderada se dignara a venir, intuyéndola entre las sombras y las oscuridades, detectándola de pronto en las alturas de la roca dibujando postalitas con la luna de fondo o acordándonos de su madre cuando la helada empezaba a pegar en condiciones. Y allá que te explora y que te explora hasta que empezamos a escuchar ese grititito histérico y desafinado, profundamente desagradable, que nos regala la Gin cada vez que se le altera el nervio. Caída en un charco que me la cubría entera enterita, intentando subirse a la roca llena de verdín y resbalándose una vez, y otra, y otra. Y yo partiéndome el cuadro y el Gafapasta lo mismo, que no sé ni como salió la muy torpe del lío en el que se había metido.

Pero no escarmienta. Que a la vuelta yo para serenarme después de tanta risa tonta me di otra sesión de espá y me vino diciendo "tía, vamos, que eso es mogollón de aburrido, vamos a correr y a correr".

Que ya le dije yo, que me dejara tranquila con mi vida interior un rato. Y que se volviera al charco resbaloso a ver si pescaba un bacalao. Mema.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Definitivamente Tonta o ... ¿Qué hacemos con Tiberio?


Me dicen por esos parques las lenguas de doble filo que ya me vale y que ya me paso un rato con las pobres gatas y que cómo se me ocurre escribir eso que escribí bajo el título más que evidente de "Tiberio es tonta". Cómo se nota que a las lenguas de doble filo les sale gratis lo de criticar y no conviven ni con la minina mala ni con la minina tonta.

Yo sí, yo tengo que convivir en esta especie de Minizoo absurdo que ha organizado el Gafapasta con las dos, ¡con las dos! Y así me tienen de los mismitos nervios y maquinando cada mañana qué hacer para darle un poco más de espacio vital a mis sublimes caderas.

Andaba yo practicando exorcismos y brujerías varias para que no tuvieran efectos nocivos en la casa los perversos conjuros de esas especie de brujochamán teutón que estuvo por los madriles cuando no sé si me dio un subidón de incienso o me obnubilé con las hordas de kikos argentinos que iban jugando a Pasimisí Pasimisá por las calles de Santander mientras cantaban algo así como La lavaré, la lavaré, la lavaré, la lavaré, la laaaaavaremos con jabón. Desafinados y gritones mucho, pero al menos parecían limpiucos y contentos de haberse encontrado por fin con una ducha.

-Vuelve, Glenda, que se te va la olla-

Bueno, eso, que entre los canturrones santurrones y los inciensos se me obnubiló la neurona y se me ocurrió que la propia Tiberio estaba pidiendo a maullidos una solución para sus desequilibrios: Ella no lo sabe, pero quiere ser monja.

No os riáis, que no es broma: va vestida de negro con babero blanco. Se pasa el día estática en algún rincón en actitud meditativa y con la mente en blanco, pero muy en blanco. Cuando la Gin se acerca, se mete debajo de la mesa camilla como quien se pasa a la clausura. Y en las últimas semanas, ha decidido que no quiere salir para nada de la cocina, como una teresadejesús cualquiera buscando a Dior entre los pucheros, y se pasa el día allí encerrada. Y eso es porque quiere ser santa.

Vosotros no os dais cuenta, porque no leéis nada. Pero aquí estoy yo totalmente intelectuala para ilustraros. Porque me leí el otro día la "Vida de Santa Oria" de Gonzalo de Berceo, en cuadernavía medieval y todo (chica, cuánto vales, me digo yo siempre a mí misma, con la incultura que hay en el mundo). Y la Santa Oria esa resulta que era un poco tonta, como la Tiberio, y para escapar del mundo y del pecado no se le ocurre otra cosa a la medieval esa que pedir a las hermanas que la encierren en una habitación y tapien la puerta con sólo un pequeño agujero para el platillo de pienso. Las otras más que hermanas debían de ser hermanastras, porque obedecieron y la emparedaron. Y allí que se quedó la Oria rezando toda sola, toda enladrillada y toda consumiduca hasta que se amojamó en su propia santidad.

Y me dije yo ¿no es evidente que eso es lo que quiere la Tiberio? ¿Amojamarse en su propia estupidez hasta que la proclamen virgen y mártir?

No sé cómo no lo había visto antes, pero he enviado instancias en su nombre, y a espaldas del descreído del Gafapasta a unas siete mil congregaciones, empezando por las Reverendas Madres del Frígido Retiro de la Antártida, y por la Congregación Maorí de Nuestra Señora de Las Antípodas, más que nada porque son las que están más lejos. Pero me conformaría con que se la quedaran las Bernardas de Liérganes o las Carmelitas de Sierrapando.

Y para ir motivando a la tonta, cuando me la encuentro haciendo el rancio por la cocina, siempre digo "qué estresada estás aquí con la loca de la Gin y lo relajaditas y silenciosas que están las monjas en sus conventos, cómo ibas a disfrutar allí" y me he puesto a enseñarle una canción que dice "Todas las monjas se van a acostar, la madre abadesa se queda a rezar". Y la muy tonta palmea.

Sor Tiberio. Me gusta.

martes, 30 de agosto de 2011

Happy Birthday To Me



Por fin el alcalde pavisoso de Santander reconoce mi glamour y mis méritos y organiza una celebración como merezco para festejar mi cumpleaños. Porque sí, porque hoy cumplo diez años a pesar de que sigo hecha toda una cachorrona y con los trotes que me estoy pegando detrás de la setter atorrante y poligonera estoy recuperando aquel tipín impactante de mis años de modelo en las mejores pasarelas caninas. Diez años que me hacen tener la sensatez, la sabiduría y el saber estar de toda una señora de las de antes, elegante y pinturera, sin perder la alegría y la chispa (hicksss, demasiado champagne me temo).

Un poco excesiva la celebración me ha parecido. Que como sabéis una es de natural modesto y eso de que haya sido fiesta en Santander y que anoche hasta me dedicaran unos fuegos artificiales, pues es todo un pasote. Y eso de comentar que hoy es la fiesta de los mártires. Todo un detalle, que mira que sufro yo los zascandileos y las depres del Gafapasta, las tonterías y la hiperactividad compulsiva de Gin, la cara de culo de Anabotella y la histeria politraumática de la gata tonta, perdón, de la Tiberio. Pero de ahí a ser una mártir, tampoco hay que exagerar.

Me he puesto tan tan egótica con los festejos que no me he enterado muy bien de lo que me ha dicho el Gafapasta de que si los santos mártires bla, que si patronos de la ciudad bla, que si Emeterio y Celedonio bla bla bla. Claro, claro, nene, que ya sé que entre esa sarta absurda de nombres me pusiste lo de Celedonia (quel horreur!). Yo creo que intentaba fastidiarme la sorpresa para que no me altere cuando el alcalde pavisoso me proponga ser la musa protectora de Santander. Pero es que le voy a decir que no, que no y que no, que yo soy jacobina y esta ciudad es demasiado conservadora. Y que la gente viste bien, pero sin esa osadía estética que siempre me ha caracterizado. Me reservo para ser la patrona de París, o de Milán, o hasta de Lisboa, que hay unos diseñadores con un punto Di - Vi - No. Y que eran las ciudades favoritas del Chico Guapo, que ese sí que sabía de glamour y encanto.

Así que le voy a decir al Delaserna ese que me siento muy muy honrada por la fiesta, pero con la disculpa de la crisis le pediré que el próximo año sea un poquito menos exagerado, que al final se van a pensar que tiene algo que ver con los homenajes alguna trama gurteliana extraña, y que me conformaría con un capón de Villalba. O con dos. Aunque no sean todavía las Navidades.

En fin, que todos a coro, con los matasuegras de DSquared y los gorritos de fiesta de Sybilla: Happy Birthday To Meeeeee, Happy Birthday To Meeeeeee, Happy Birthday Dear Glendaaaaaaa, Happy Birthday To Meeeeeeeeeeee.

(A Gin y a las gatas les he puesto sidra de Makro en las copas, que no aprecian lo bueno. Para los demás ... un delicioso Pommery recién llegado de la misma mismísima Champagne de la France, como Dior manda).

Hicksssssss

miércoles, 17 de agosto de 2011

Porque el Mundo me ha hecho así.


Estoy atravesando unos divinos momentos retro.

Un momento retro-culo gracias a las carreras enloquecidas que me echo por la playa y por el parque para jugar con la huerfanita inglesa para que se crea que me importa una higa y sobre todo para que se agote y no me dé la lata en casa. Reconozco que la que acaba reventada soy yo, que es que no tiene una años, y que la muy bruja llega a casa tan fresca como una lechuga. Pero al final algo he sacado en claro. Porque la Concha, que es la cotilla oficial del barrio, ha dicho que me veía súper mona y súper delgada. Y si esa mala pécora me ve bien, es que tengo el caderamen otra vez turgente, singular y apetecible como el de una quinceañera humana o una dosañera en perra.

De cotillas del barrio me queda por pasar el examen de la Loli, que siempre dice que le parezco muy simpática pero que nunca sabes qué puñalada te puede clavar en cuanto te das la puerta. Cuando el Chico Guapo, ay, estaba con nosotros, la muy malvada le decía al Gafapasta "¿Y el otro qué, no hace nunca la compra? Pues menudo novio te has echado". Como os lo cuento, y el Gafapasta se lo contaba al Chico Guapo muerto de risa, y el Chico Guapo se enfadaba muchísimo y cada vez que volvía con alguna bolsa del supermercado y pasaba por delante del balcón de la Loli gritaba, "A ver, a ver, ¿están las brujas mirando? Que vengo del Lupaaaaa".

Pues eso, que un retro-culo impecable. Estoy también retro-obediente. Y también por culpa de la Ginebra. La Ginebra por si os despistáis es el nombre de la huérfana golfona, no el licor. Porque ya que estoy tan años setenta, ahora para el aperitivo tomo antiguallas como Cynar, Campari, anisettes y pastís, que es como más francés. Pues eso, que cuando la Gin se pone rebelde y desespera al Gafapasta, aprovecho y mientras intenta trabarla y echarle una buena bronca, me voy yo a perseguir gatos por las escaleras y las esquinas, que me encanta asustar mininos absurdos hasta que se suben a un árbol. Y luego salgo de tapas por la comida que les dejan las vecinas debajo de los coches. Si el Gafapasta me llama, me pongo el MP3 a todo volumen con el temazo de Jeanette ese de "Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha ladrado con amor" y todo eso.

Cuando me da la gana, y el Gafapasta ya está histérico porque en cuanto controla a la borrachuza me le revuelvo yo, vuelvo en plan remolón y haciéndome la buena, que el papel de Santa Bernardette Soubirous lo bordo y miro a las azoteas como si estuviera allí la mismísima virgen planeando. El Gafapasta empieza a decir cosas horribles y a preguntar si no me da vergüenza y si ahora voy a empezar a comportarme como una perra malcriada y caprichosa.

Y yo, Chica Seventies total, miro con una desgana que es medio hippy medio psicodélica, y como si fuera Nadiuska le contesto entre dientes y con total descaro "Mí no comprender".

Y si no sabéis quién era la Nadiuska esa y por qué digo lo de Mí-No-Comprender os lo estudiáis, ignorantonas.

martes, 9 de agosto de 2011

Loca Noche de Beach


Desde que la Gin y el Gafapasta van a las manifestaciones de los indignados, les ha entrado la obsesión por saltarse las ordenanzas municipales y marcharse a galopar por las playas cuando no mira nadie. La cosa es que la barriobajera kitsch necesita desfogar las energías adolescentes y mejor que sea levantando estelas infinitas de olas y arenas que destripando los sofás de casa (como hizo esta tarde) o confundiendo las cacas de las gatas con bombones de licor (como en este mismo momento, la muy cerda). Y además el agua del Cantábrico va estupenda para que termine de cicatrizar los puses que le quedaron en la barriga después del paso por el matasanos para que una irresponsable de tamaño calibre no pueda nunca ser mamá.

A mí me gusta la playa y correr detrás de Ginebra y chapotear como una chiflada entre las olas. Y volver perdidita de arena color pastor de Brie (¿o somos los pastores de Brie los que tenemos color arena? ay, Anubis, que el alzheimer me está matando) y dejarle los pasillos al Gafapasta como si fueran un barrio periférico de Ipanema.

El caso es que esta noche el Sardinero estaba requetebonito a eso de la una de la mañana, con una luna estupenda y el horizonte lleno de barquitos con luces como de verbena marinera, de esos que pasan la noche en altamar para no cotizar en el puerto, los muy ratas. Pero quedan monos como atrezzo. De pronto el Gafapasta, poseído por una especie de espíritu hippyplayero y por las horteradas que tiene grabadas en el empizrí o emepetrés o como se diga se pone a mover el culamen como si fuera la nieta torpe de Carmen Miranda y a cantar Hakuna Matata a voz en grito.

Yo no sabía dónde meterme, qué bochorno, hasta que vi que no había nada y decidí dar rienda suelta a mis naturalísimos instintos. No sé muy bien si ponerme tiernona al comprobar que el Gafapasta, que ya es talludito, vamos, siga escuchando bandas sonoras de Disney (estoy segura de que de mayor, detodavía más mayor, le gustaría ser sirenita para ligarse al chulazo del príncipe) o si preocuparme por su salud mental. Pero a golpe rítmico de cadera no hay quien me gane, así que me puse a seguir el compás con culazos a diestra y a siniestra y contagiando con mi coreográfico entusiasmo a la mema de Gin, que baila fatal poniendo una cara de lerda tremenda que a ella le parece sexy. Puff.

Visto lo visto y olfateado lo olfateado, se me ocurrió organizar una coreografía como la de la película. A la Gin le dije que ella hacía de Rey León, porque tiene mucho afán de protagonismo, y que por eso iba a ir la primera de la fila danzante. O sea, que iba a hacer de Timón, que es un suricato casi tan absurdo, mononeuronal y atorrante como ella. Al Gafapasta le dije que él haría de Rey León y que por eso se iba a poner a bailonguear en medio, porque como todavía se cree que en esta manada manda él (¡Juas!) pues así va feliz. Haciendo de Pumba, y poniendo esa cara que tan bien y natural le sale de facócero feo, gordote y apestoso.

Finalmente yo, que soy la única con dignidad suficiente y artes interpretativas como para ocupar un papel dramático y protagonista, me puse a la cola discretamente, para, yo sí, hacer de Rey León y robarme toda la escena.

Lo mismo os queréis apuntar al optimismo de la noche, y por mí que no quede. Pero que sepáis que sólo quedan papeles de figurante hiena y de figurante tití. Vosotros mismos.