miércoles, 17 de agosto de 2011

Porque el Mundo me ha hecho así.


Estoy atravesando unos divinos momentos retro.

Un momento retro-culo gracias a las carreras enloquecidas que me echo por la playa y por el parque para jugar con la huerfanita inglesa para que se crea que me importa una higa y sobre todo para que se agote y no me dé la lata en casa. Reconozco que la que acaba reventada soy yo, que es que no tiene una años, y que la muy bruja llega a casa tan fresca como una lechuga. Pero al final algo he sacado en claro. Porque la Concha, que es la cotilla oficial del barrio, ha dicho que me veía súper mona y súper delgada. Y si esa mala pécora me ve bien, es que tengo el caderamen otra vez turgente, singular y apetecible como el de una quinceañera humana o una dosañera en perra.

De cotillas del barrio me queda por pasar el examen de la Loli, que siempre dice que le parezco muy simpática pero que nunca sabes qué puñalada te puede clavar en cuanto te das la puerta. Cuando el Chico Guapo, ay, estaba con nosotros, la muy malvada le decía al Gafapasta "¿Y el otro qué, no hace nunca la compra? Pues menudo novio te has echado". Como os lo cuento, y el Gafapasta se lo contaba al Chico Guapo muerto de risa, y el Chico Guapo se enfadaba muchísimo y cada vez que volvía con alguna bolsa del supermercado y pasaba por delante del balcón de la Loli gritaba, "A ver, a ver, ¿están las brujas mirando? Que vengo del Lupaaaaa".

Pues eso, que un retro-culo impecable. Estoy también retro-obediente. Y también por culpa de la Ginebra. La Ginebra por si os despistáis es el nombre de la huérfana golfona, no el licor. Porque ya que estoy tan años setenta, ahora para el aperitivo tomo antiguallas como Cynar, Campari, anisettes y pastís, que es como más francés. Pues eso, que cuando la Gin se pone rebelde y desespera al Gafapasta, aprovecho y mientras intenta trabarla y echarle una buena bronca, me voy yo a perseguir gatos por las escaleras y las esquinas, que me encanta asustar mininos absurdos hasta que se suben a un árbol. Y luego salgo de tapas por la comida que les dejan las vecinas debajo de los coches. Si el Gafapasta me llama, me pongo el MP3 a todo volumen con el temazo de Jeanette ese de "Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha ladrado con amor" y todo eso.

Cuando me da la gana, y el Gafapasta ya está histérico porque en cuanto controla a la borrachuza me le revuelvo yo, vuelvo en plan remolón y haciéndome la buena, que el papel de Santa Bernardette Soubirous lo bordo y miro a las azoteas como si estuviera allí la mismísima virgen planeando. El Gafapasta empieza a decir cosas horribles y a preguntar si no me da vergüenza y si ahora voy a empezar a comportarme como una perra malcriada y caprichosa.

Y yo, Chica Seventies total, miro con una desgana que es medio hippy medio psicodélica, y como si fuera Nadiuska le contesto entre dientes y con total descaro "Mí no comprender".

Y si no sabéis quién era la Nadiuska esa y por qué digo lo de Mí-No-Comprender os lo estudiáis, ignorantonas.

martes, 9 de agosto de 2011

Loca Noche de Beach


Desde que la Gin y el Gafapasta van a las manifestaciones de los indignados, les ha entrado la obsesión por saltarse las ordenanzas municipales y marcharse a galopar por las playas cuando no mira nadie. La cosa es que la barriobajera kitsch necesita desfogar las energías adolescentes y mejor que sea levantando estelas infinitas de olas y arenas que destripando los sofás de casa (como hizo esta tarde) o confundiendo las cacas de las gatas con bombones de licor (como en este mismo momento, la muy cerda). Y además el agua del Cantábrico va estupenda para que termine de cicatrizar los puses que le quedaron en la barriga después del paso por el matasanos para que una irresponsable de tamaño calibre no pueda nunca ser mamá.

A mí me gusta la playa y correr detrás de Ginebra y chapotear como una chiflada entre las olas. Y volver perdidita de arena color pastor de Brie (¿o somos los pastores de Brie los que tenemos color arena? ay, Anubis, que el alzheimer me está matando) y dejarle los pasillos al Gafapasta como si fueran un barrio periférico de Ipanema.

El caso es que esta noche el Sardinero estaba requetebonito a eso de la una de la mañana, con una luna estupenda y el horizonte lleno de barquitos con luces como de verbena marinera, de esos que pasan la noche en altamar para no cotizar en el puerto, los muy ratas. Pero quedan monos como atrezzo. De pronto el Gafapasta, poseído por una especie de espíritu hippyplayero y por las horteradas que tiene grabadas en el empizrí o emepetrés o como se diga se pone a mover el culamen como si fuera la nieta torpe de Carmen Miranda y a cantar Hakuna Matata a voz en grito.

Yo no sabía dónde meterme, qué bochorno, hasta que vi que no había nada y decidí dar rienda suelta a mis naturalísimos instintos. No sé muy bien si ponerme tiernona al comprobar que el Gafapasta, que ya es talludito, vamos, siga escuchando bandas sonoras de Disney (estoy segura de que de mayor, detodavía más mayor, le gustaría ser sirenita para ligarse al chulazo del príncipe) o si preocuparme por su salud mental. Pero a golpe rítmico de cadera no hay quien me gane, así que me puse a seguir el compás con culazos a diestra y a siniestra y contagiando con mi coreográfico entusiasmo a la mema de Gin, que baila fatal poniendo una cara de lerda tremenda que a ella le parece sexy. Puff.

Visto lo visto y olfateado lo olfateado, se me ocurrió organizar una coreografía como la de la película. A la Gin le dije que ella hacía de Rey León, porque tiene mucho afán de protagonismo, y que por eso iba a ir la primera de la fila danzante. O sea, que iba a hacer de Timón, que es un suricato casi tan absurdo, mononeuronal y atorrante como ella. Al Gafapasta le dije que él haría de Rey León y que por eso se iba a poner a bailonguear en medio, porque como todavía se cree que en esta manada manda él (¡Juas!) pues así va feliz. Haciendo de Pumba, y poniendo esa cara que tan bien y natural le sale de facócero feo, gordote y apestoso.

Finalmente yo, que soy la única con dignidad suficiente y artes interpretativas como para ocupar un papel dramático y protagonista, me puse a la cola discretamente, para, yo sí, hacer de Rey León y robarme toda la escena.

Lo mismo os queréis apuntar al optimismo de la noche, y por mí que no quede. Pero que sepáis que sólo quedan papeles de figurante hiena y de figurante tití. Vosotros mismos.

lunes, 25 de julio de 2011

Partido de Guaubol


Bajaba yo al parque esta tarde poseída por la garra charrúa más intensa, feliz porque el paisito del Chico Guapo, Uruguay, se había proclamado campeón de la Copa América y con ganas de demostrar lo que vale me corazón cuando se pone celeste.

Es que desde que descubrí que se podía correr detrás de una cosa muy divertida y esférica llamada balón, y que la cosa consistía en quitársela a algún chavalón mientras él la guiaba con las patas y morderla hasta que hiciera pffffffffffffffffffffffffffff pues me hice fan, pero muy fan de tan sutil deporte. El Gafapasta dice que lo del balón a él como que buffffffff y que le da pereza, pero que cuando los chicos se convierten en chicarrones y crecen, entonces se les ponen unos muslámenes que mmmmmmmmm.

Y tuve hoy suerte, porque estaba yo allí como con ganas de correr cuando aparecieron mis dos rubios favoritos, Sergio y Ángel, que ya van creciendo desde que yo hacía de medio mamá mimosa de Ángel y le lamía la cara y la requetelamía mientras él se ponía tontón y se reía y su abuelo nos miraba al Gafapasta y a mí como poco convencido. Venían con balón y con unos amigos y como siempre que me ven empezaron a llamarme y a hacer chulerías y monerías con el balón, así que llamé a la Gin y me dispuse para luchar como una perraca contra aquellos cinco muchachotes.

Gin corre mucho, así que le dije que jugara de delantera, en plan saeta rubia, que ya me dedicaba yo a la defensa y los paradones, que me gusta eso de entrar a las pantorrillas y pastorear a los contrarios. Pero es que con la poligonera ésta no se puede contar, que en vez de estar atenta al partido ve un gorrión y a correr detrás como una loca, ve una paloma y a correr detrás como una lerda, ve una lavandera y a correr detrás como una mema, ve un mirlo y a correr ... bueno, ya os hacéis una idea. Así que me dejó sola frente al peligro. Y una hora de partido que me tiré. Y no os vayáis a pensar que he jugado estupendamente bien. A pesar de que Sergio tiene un juego de piernas que me marea, y que Ángel en cuanto pillaba la pelota salía corriendo como alma que lleva el demonio, pero yo detrás marcándole con afición y echándole mordiscos al culete hasta que le acorralaba y pedía socorro.

El Guaubol es un poco raro, así que al final no sé quién ha ganado ni nada. Pero yo me lo he pasado chupi-cachupi. Aunque al final el balón era como duro y no conseguí en anhelado pfffffffffffff final, sniff.

Gin sigue por el parque a ver si atrapa algún pajarraco, pero me parece a mí que va de culo y contra el viento. Por insolidaria y mala compañera de equipo.

martes, 19 de julio de 2011

Aquí no hay quien viva.


Una es además de mona listuca y cultivada. Y por eso iba a titular este post "Et in Arcadia Ego", pero me temo que no os ibais a enterar de nada, que lo del latín ya sé yo que lo lleváis fatal.

Pues sí, señoras y señores, resulta que yo vivía en la Arcadia, en un universo pequeño, feliz y apacible hasta que al Gafapasta se le ocurrió la feliz idea de formar una familia numerosa.

Primero llegaron las gatas. Dos. Que se parecen a las hermanas del Abuelo del Gafapasta, esas a las que con tanto cariño llama La Tonta y La Mala. O sea, la Tiberio y la Anabotella. Que lo único bueno que tienen es que están un poco despistadas con eso de los nuevos modelos familiares y se piensan que soy su mamá (¡Serán ridículas!) y eso me permite reñirlas y darles un par de mandobles bien dados cuando me hinchan el hocico.

Luego llegó el Chico Guapo. Que fue el único acierto. Del Gafapasta, porque mira que el Chico Guapo podía haber elegido mejor, pero qué se le va a hacer: los caminos de Dior son inescrutables. Y mira, con el Chico Guapo sí que estaba yo a gusto, que si un día me echaba con él la siesta, que si me hacía unos mimos, que si me enseñaba por cam a sus sobrinas como si yo fuera una estrella del Jolivú de los años dorados. Y cuando tocaba yo le cuidaba con todas mis atenciones eh.

Y luego se marcha el Chico Guapo y lo primero que se le viene a la cabeza al patético del Gafapasta es pensar que queda algo de espacio libre (no sé dónde lo verá el muy cebollo, ni que viviera en Versalles) y que le da pena una setter arrabalera, poligonera y borrachuza, y mete en casa a la Gin para que lo ponga todo patas arriba.

En fin, que con lo bien que yo vivía, ahora que ya es una un poco señora mayor interesante y que empieza a pensar que tiene que ponerse unos pañuelos de cuello de seda natural de, pongamos, Valentino o unos Moschino preciosos que vi por ahí, resulta que tengo la impresión de vivir atrapada por una edición especial de Sálvame.

Sí, sí, que ya veo que os estáis riendo. Pero es que tengo un Jorge Javier (si aparezco descuartizada en los muelles como si fuera cosa de la Mafia, ha sido el Gafapasta, que quede claro); tengo una Belén Esteban poligonera, adicta y gritona (si aparezco desgarrada por unas uñas afiladas con restos de esmalte barato y de mal gusto, ha sido Gin) tengo una Isabel Durán mala malosa y perversa perversosa (si aparezco envenenada después de que alguna pata malvada me cambie el Evian por salfumán ha sido Anabotella). Y hasta tengo una tipa rara a medias entre la Patiño (maleducada, agresiva y ululante) y una aspirante a Generación Nini (si aparezco mirando con cara de pena a una gata tonta que puso al revés la pistola y se acribilló a sí misma es evidente que la gata es Tiberio).

Está claro. Necesito unas largas vacaciones en un balneario fino, pongamos Baden Baden, Vichy o Marienbad, y un grupo tranquilito de amigas para jugar al Cluedo y matar a la Tía Ágata. Qué estrés, Anubis, qué estrés.

jueves, 14 de julio de 2011

QUÉ PLASTA DE GAFAPASTA


Lo del Gafapasta es que no tiene ni nombre ni perdón de Dior, lo mires como lo mires.

Que sí, que nos llevó de manifestación, que eso siempre se agradece. Desde que estuvimos concentradas contra los cazadores le hemos cogido gusto la borracha hooligan y yo a lo de indignarnos en público y en privado. Y hay que reconocer que la nena se portó, bien en contra de su costumbre, de maravilla. ¿Que todos se agachaban? Allá que la Gin aposentaba su trasero en el vil asfalto. ¿Que todos se levantaban y ponían sus patitas humanas a mover el aire? Pues se ponía la Gin a dos patas, se apoyaba en el Gafapasta y subía las patas con más alegría que nadie.

Pero luego el muy canelo presenta un libro de poesía y me deja cerrada en casa. Y eso sí que no se lo perdono.

Bien que deje a las gatas, que todo el mundo sabe que las mininas en general y la mema de la Tiberio en particular son asociales y huelen a fritanga. Que deje encerrada bajo siete llaves a Gin, me parece estupendo. Porque la chica no se sabe comportar y lo mismo se pone a ulular como si fuera una Mónica Naranjo cualquiera que empieza a mover el culo de un lado para otro y monta un desaguisado. Y no te digo ya si encima el libro se presenta en una galería de arte, que ya os conté la temporada que le dio por comerse los cuadros (los buenos) del Gafapasta.

Pero yo soy una señora. Cultivada, encantadora y llena de glamour. Y como sabía que escribe poesía y que además le había dedicado el libro al Chico Guapo, con todo lo que yo le echo de menos, pues ya me había pasado por la boutique para comprarme un traje sastre súper divino y veraniego en un tono crudo con estampados de flores muy pero que muy favorecedor de Trussardi. Y resulta que mientras me estoy acicalando los hocicos, el muy cabrón sale de puntillas para que no me entere y se está de presentación y de juerga con los amigotes hasta las tantas.

Él se lo pierde, que mira que le habría dado yo un toque especial no, especialísimo, a la presentación con mi reconocido donaire. Y como ya le cogí gusto a lo de destrozar libros y mostrar a la par mi enfado haciéndome pis encima de Cinco horas con Mario para protestar contra los malvados cazadores, le dejé bien pero que bien mojado un paquete de libros.

Que para borrar páginas y dotarlas de adecuada pestilencia no hay como unos buenos orines de Brie indignada. A ver si así aprende.

martes, 5 de julio de 2011

Cuestión de Pedigrí


A mí la tal señora me dio mal rollo desde el principio.

Andaba el domingo el Gafapasta mirando los anuncios de casas palaciegas en el campo, porque es tauro, porque no se le ha quitado la grandeza y porque sueña con regalarnos esas amplias y verdes praderas que nos merecemos las niñas. Bueno, que me merezco yo, que para qué fingir y ser políticamente correcta: lo que es, es. Y va y se nos queda mirando al extraño grupo una pareja matrimonial de esas de edad indeterminable pero con tendencia obvia al aburrimiento conyugal.

¿Cómo no me iban a dar mal rollo los tediosos cónyuges si miraban a Gin en vez de admirarme a mí, que lucía esas caderas que han sido la perdición de tantos, ese flequillo sublime, ese donaire donairoso que me caracteriza? Pues no, pues miraban a la inclusera borracha.

Primero pensé, a ver si van a ser los mamones que la tiraron por la ventanilla del coche a la pobretuca. Pero no, resulta que el Aburrido-Él se aproxima al Gafapasta y le explica que ellos tienen una setter del mismo color y que se parece muchísimo y que si es chico o chica, que si se sorprenden porque dice que Gin es chica, y dicen que es muy grande, luego que es pequeña, luego que si esto, que si lo otro. Pero que qué monada, y empiezan a explicarle al Gafapasta "pero estos perros necesitan correr eh".

El Gafapasta soportaba con estoicismo facial intermitente la sarta de soplatonterías que emitía el Dúo Aburrimiento, mientras pensaba por debajo algo como "tú te piensas que soy imbécil y no sé que esto es un setter inglés, cretino". Pero los del dúo no eran hábiles lectores de gestos, me temo.

La Aburrida-Ella, eso sí, tardó cero coma instantes en sacar móvil y enseñar video casero de su setter al Gafapasta. Añadiendo, bueno, la nuestra es que tiene pedigrí, la tuya ... no sé, el veterinario te habrá dicho si es un setter o qué es. Y es que la muy borde y maleducada cambió el gesto de simpatía hipócrita en cuando mi jefe dijo que la Gin era abandonada y recogida, como una Moisesa cualquiera a las orillas del Nilo.

El Gafapasta se defendió educadamente con un No necesito que el veterinario diga si es un setter o no, es bastante obvio que lo es. Que tenga o no pedigrí lo sabrá el cazador que la abandonó. Respuesta de Aburrida-Ella: Ay, con esa cabeza no no, la nuestra la tiene mucho más finita, la de esta es gordota.

Gin como no se entera de nada, feliz sacando lengua larga. Pero el Gafapasta y yo nos quedamos con ganas de morder a la impertinente. Que vale que la Gin sea una petarda insufrible, pero mona es, ordinaria también, pero mona. Con esas pestañitas platino pasadísimas de moda como si fuera Jane Mansfield o la estrella de un puticlús de carretera.

Y me volvía yo para casa pensando ¿y qué más dará tener o no el pedigrí ese? El Gafapasta es de pura raza, y hasta está emparentado con los famosos pastores monegascos esos, el Alberto y la Carolina y la Estefanía, y es mono y listuco. Pero la aburrida absurda por mucho pedigrí y muchas pretensiones que tuviera era fea, ordinaria, maleducada. Y sobre todo tonta del potorro.

sábado, 18 de junio de 2011

El Orgullo de Ana Botella


Como a una le gusta estar bien informada, en cuanto el Gafapasta se va a trabajar (juá) por la mañana, pillo su puesto delante del ordenador, reinicio para reventarle el pirateo de pelis porno y me pongo a investigar las noticias de la jornada.

Por eso el otro día me vi obligada a llamar al perro de Gallardón, para solidarizarme con su estrés post-cacerolada, que los caninos tenemos el oído muy delicado. Pero para decirle bien claro clarito que toda la culpa es de su señorito por andar metiendo los impertinentes en los orgullos ajenos. Y que a mí me parece estupendo que los gays, las lesbianas, las personas transexuales y los ambidiestros y toda la gente de bien se organice una manifestación megaestupenda para clamar con gracia y garbo por sus derechos y luego siga la fiesta. Que ya han dicho los ancianitos de Chueca que a ellos no les molesta el ruido del Orgullo nada de nada, y que lo que pasa es que su señorito quiere utilizarlos porque es un cobardón y no sabe dar la cara homófoba sin excusas excusitas. Y que de nada me sirve que me diga que es pariente de Albéniz y de la ex de Sarkozy para despertarme la empatía cultural y musical, porque a mí Albéniz me aburre un montón desde que se lo apropió una tal Paloma a la que el Gafapasta tiene megamanía y que debe de ser pirata o corsaria o algo así porque siempre la pone en relación con el Botín. Y que soy más de Banchieri, que hacía ladrar a sus tenores con muchísimo estilazo, y sobre todo de Monteverdi, que hacía a sus cantantes aullar como los ángeles.

Pues va el perro de Gallardón y me dice que no, que no, que no, que la culpa no es de su señorito, y que la mala de la película es Ana Botella. Y ahí sí que me indigno bien indignada. Cuelgo, llamo a Gin y le digo que vuelva un poco loca a la gata tonta, a la Tiberio, que tengo que hablar muy seriamente con la gata mala, la Ana Botella, y que me va a oír la muy.

No veais cómo me puse yo con la Botella. Que si me parecía fatal que fuera homófoba y que ella comía gracias a los pechos generosos y los esfuerzos del Gafapasta, que es totalmente gay. Y que parecía mentira que intentara reventar el Orgullo después de haber convivido con el Chico Guapo, que también era gay igual que el Gafapasta, además de guapísimo y monísimo y dulcedulcísimo al contrario que el Gafapasta. Y que además yo conozco a la chiflada de la bollo de la hermana del Gafapasta, El Pequeño Monstruo. Y ni sé todo lo que pude gritar yo a la Ana Botella, que ni la dejé decir este hocico es mío hasta que me quedé ronca de puro alterada. Qué sofoco.

Entonces, cuando por fin pudo tomar el maullido, me dice que la deje tranquila y que a ver si además de dármelas de lista por leer los periódicos en internet alguna vez me entero de lo que leo. Que el Gafapasta se creyó muy gracioso cuando le puso el nombre y que en realidad Ana Botella es una bruja mala malísima, fea feísima, católica catoliquérrima y homófoba homofobizca. Y poco espabilada, porque no se ha enterado de que si sumas peras y manzanas te sale una macedonia riquísima. Y con mal gusto, que no se da cuenta de que es mucho más fashion y más divertido un arcoiris con taconazo que una braga gris con cerebro plano. Y que el simpático del Gafapasta le puso ese nombre vil para echarse unas risas consigo mismo porque dice que tiene cara de troll perverso y no de linda gatita con elegante manto carey y delicados ojos ambarinos (no tiene ego ni nada la bicho malo esta).

Toda digna yo, me fui al ordenador gruñendo entre colmillos "como me estés engañando te muerdo el potorro, rica". Lo malo es que, uff, no veáis qué bochorno cuando entré en la wikipedia y tuve que admitir Anabotella como mala bestia de compañía.

Ahora que lo tengo ya todo en su sitio, me quedan tres cosas pendientes para terminar la historia. Una, decirle al Gafapasta que los nombres que nos pone el muy gracioso están prohibidos por la Convención Internacional contra la Tortura, y que ni siquiera la estropajosa de la gata mala se merece un nombre tan vil como el de Ann Bottle. Dos, pedir disculpas con la boca pequeña o lo que se pueda con este lunar que tengo, cielito lindo, junto al hocico, a la Ana Botella Miau (para distinguirla de la santurrona). Tres, buscar a Ana Botella Avemaríagratiaplena (para distinguirla de la minina) y darle un mordisco en pleno corvejón hasta que se sepa de memoria el I Will Survive y deje de tocarnos los orgullos de una vez. Lo juro por Anubis.